En un momento en que la inteligencia artificial remodela los contornos de lo humano, el físico cuántico José Ignacio Latorre ofrece una lectura serena y sin apocalipsis: la tecnología no nos reemplazará, pero sí nos obligará a redescubrir qué somos. Desde Singapur, donde construye superordenadores y dialoga con su agente de IA Constanza, Latorre advierte que el verdadero desafío no es técnico sino ético y creativo: una civilización con más tiempo libre y menos propósito puede hundirse en la depresión si no aprende a habitar el arte y la belleza.