En el mercado inmobiliario español, la escasez de oferta ha comprimido el tiempo disponible para una de las decisiones más trascendentes de la vida humana: la compra o el alquiler de un hogar. Compradores e inquilinos firman compromisos de cientos de miles de euros tras visitas de veinte minutos, sin revisar cargas legales ni el estado real de los inmuebles. Lo que en otro tiempo era un proceso de deliberación se ha convertido en un reflejo condicionado por la urgencia, con consecuencias que pueden extenderse durante décadas.