En un mundo donde la inteligencia artificial promete simplificarlo todo, la planificación de viajes con chatbots revela una verdad más antigua: las herramientas solo son tan buenas como las preguntas que les hacemos. Semanas de pruebas con ChatGPT, Gemini y Claude para destinos como São Paulo y Nueva York demostraron que la especificidad, la verificación y la humildad ante el error son tan indispensables hoy como lo eran antes de que existiera algoritmo alguno. Los bots no son oráculos; son interlocutores que necesitan ser guiados, corregidos y, sobre todo, cuestionados.