Un episodio de influenza puede convertirse en un punto de quiebre para la salud
En una sociedad que envejece aceleradamente, la medicina recuerda una verdad incómoda: las personas que más necesitan protección son quienes menos la buscan. Especialistas chilenos advierten que la inmunosenescencia —el desgaste natural del sistema inmune con los años— convierte enfermedades prevenibles como la influenza o el herpes zóster en amenazas capaces de arrebatar la independencia de un adulto mayor de forma definitiva. La vacunación, tercer pilar del envejecimiento saludable junto a la actividad física y la nutrición, permanece como la gran asignatura pendiente en un país que ya transita una etapa avanzada de envejecimiento poblacional.
- Chile envejece rápido y sus adultos mayores son, paradójicamente, el grupo con menor cobertura de vacunación pese a enfrentar el mayor riesgo de hospitalización y pérdida de autonomía.
- La inmunosenescencia no es una metáfora: el sistema inmune se deteriora con los años, y una gripe o un herpes zóster pueden convertirse en el punto de quiebre que lleva a una persona mayor a depender de cuidadores o ingresar a un establecimiento de larga estadía.
- Las enfermedades crónicas —diabetes, problemas cardiovasculares, renales, respiratorios— amplifican esa vulnerabilidad, haciendo que cada comorbilidad acumulada eleve el riesgo de complicaciones graves ante infecciones prevenibles.
- Especialistas insisten en que el beneficio de vacunarse supera ampliamente los riesgos, y que la desconfianza se combate con información de fuentes confiables y conversaciones directas con profesionales de salud.
- El horizonte apunta a construir una cultura de prevención en adultos comparable a la vacunación infantil: no como un evento puntual de invierno, sino como un hábito que acompañe a las personas a lo largo de toda la vida.
Especialistas del Centro de Longevidad y del Departamento de Infectología de Clínica Las Condes se reunieron recientemente para entregar un mensaje claro: envejecer bien no es azar, sino el resultado de decisiones sostenidas en el tiempo. Identificaron tres pilares fundamentales —actividad física, nutrición y vacunación— y señalaron que el tercero sigue siendo el más ignorado.
El infectólogo Rodrigo Blamey explicó que la influenza en personas mayores puede ser mucho más que una enfermedad pasajera. Un solo episodio puede marcar un antes y un después: pérdida de independencia, necesidad de cuidado permanente o ingreso a un establecimiento de larga estadía. La causa de fondo tiene nombre científico: inmunosenescencia, el debilitamiento progresivo del sistema inmune con la edad. Ese mismo fenómeno explica por qué el herpes zóster se dispara después de los 50 años, y por qué cerca del 30% de quienes lo padecen sufren una neuralgia posterior que puede extenderse por meses.
A esa vulnerabilidad biológica se suma la carga de las enfermedades crónicas, cada vez más frecuentes en una población que vive más años. Diabetes, enfermedades cardiovasculares, respiratorias o renales elevan significativamente el riesgo de complicaciones ante cualquier infección. Es precisamente en ese contexto donde la vacunación se vuelve más necesaria, no como intervención de la infancia, sino como herramienta de prevención para toda la vida.
El problema es concreto: los adultos mayores presentan hoy una de las coberturas de vacunación más bajas dentro de la población objetivo, pese a ser quienes más tienen que perder. Blamey responde al temor con datos: las vacunas son de las intervenciones más estudiadas del mundo, sus efectos adversos son en su gran mayoría leves y transitorios, y el beneficio frente a una infección grave es ampliamente favorable.
El llamado final apunta a recuperar confianza y construir una cultura de prevención que integre las vacunas en la vida adulta con la misma naturalidad con que se han incorporado en la infancia, aprovechando todas las oportunidades disponibles, más allá de la campaña de invierno.
Hace poco, especialistas reunidos en una jornada educativa organizada por el Centro de Longevidad y el Departamento de Infectología de Clínica Las Condes, junto con GSK, presentaron un diagnóstico claro: llegar a los 60 años con buena salud no es cuestión de suerte, sino de decisiones tomadas a lo largo de toda una vida. Tres pilares sostienen esa longevidad activa: mantenerse físicamente activo, comer bien y estar al día con las vacunas. Los dos primeros son casi obvios en cualquier conversación sobre envejecimiento. El tercero, sin embargo, sigue siendo el gran olvidado.
El doctor Rodrigo Blamey, jefe del Departamento de Infectología de Clínica Las Condes e infectólogo del Hospital del Salvador, no duda en señalar por qué esto importa: la influenza en personas mayores no es una molestia pasajera. Puede ser devastadora. No se trata solo de enfermedad aguda, hospitalización o muerte. Los efectos se extienden mucho más allá. Un episodio de influenza puede convertirse en un punto de quiebre para la salud y la funcionalidad de alguien en esa etapa de la vida. Muchas veces significa perder la independencia, necesitar apoyo permanente de familiares o cuidadores, o terminar en un establecimiento de larga estadía. La enfermedad deja cicatrices que duran años.
La razón de esta vulnerabilidad tiene un nombre científico: inmunosenescencia. Es un fenómeno natural en el que el sistema inmune pierde progresivamente su capacidad para responder frente a infecciones. A medida que envejecemos, nuestras defensas funcionan de manera menos eficiente. Blamey lo ilustra con el herpes zóster: su incidencia se dispara después de los 50, 60 y 70 años porque el sistema inmune se debilita. La neuralgia posherpética, un dolor que puede ser terrible y muy prolongado, afecta a cerca del 30 por ciento de los pacientes y puede extenderse por más de tres meses, deteriorando significativamente la calidad de vida.
A esto se suma otro factor: las enfermedades crónicas son cada vez más frecuentes en una población que vive más años. Las personas con diabetes, enfermedades cardiovasculares, respiratorias, renales o neurológicas tienen un riesgo significativamente mayor de desarrollar infecciones y complicaciones. Mientras más comorbilidades se acumulan, mayor es la vulnerabilidad. Es precisamente en esta etapa donde la vacunación cobra mayor relevancia, no como una intervención puntual de la infancia, sino como una herramienta de prevención que acompaña a la población durante toda la vida.
Pero hay un problema concreto: las personas mayores presentan actualmente una de las coberturas de vacunación más bajas dentro de la población objetivo de la campaña de invierno, pese a enfrentar el mayor riesgo de hospitalización, complicaciones y deterioro de su estado de salud. Esto preocupa particularmente porque Chile está en una etapa avanzada de envejecimiento poblacional. La protección que ofrecen las vacunas no solo beneficia a quien recibe la inoculación, sino que también protege a las personas cercanas del entorno familiar, gracias a lo que se conoce como protección de rebaño.
Cuando se le pregunta a Blamey sobre el temor que aún existe frente a las vacunas, responde con datos: se trata de una de las intervenciones sanitarias más estudiadas y monitoreadas a nivel mundial. Como cualquier medicamento, pueden tener efectos adversos, pero en la enorme mayoría de los casos son leves y transitorios. Cuando se compara el riesgo de una infección grave con el riesgo asociado a la vacunación, el beneficio es ampliamente favorable.
El llamado final es directo: las personas mayores, sus familias y cuidadores deben informarse a través de profesionales de salud y fuentes confiables, y aprovechar las oportunidades de vacunación disponibles en el país que van más allá de la campaña de invierno. Las personas mayores y aquellas con enfermedades crónicas deberían ser uno de los grupos más protegidos. Hoy son precisamente quienes presentan menores niveles de vacunación. Lo que se necesita es recuperar la confianza y promover una cultura de prevención que permita llegar mejor preparados a cada invierno, integrando las vacunas en adultos tal como se ha establecido la vacunación infantil.
Notable Quotes
Las consecuencias de la influenza en las personas mayores pueden ser devastadoras. No solo hablamos de enfermedad aguda, hospitalización o mortalidad, sino también de efectos que pueden extenderse mucho más allá del período de la infección.— Doctor Rodrigo Blamey, jefe del Departamento de Infectología de Clínica Las Condes
Durante décadas las vacunas estuvieron enfocadas principalmente en reducir la mortalidad infantil. Hoy sabemos que también son fundamentales para proteger a adolescentes, adultos y, especialmente, a las personas mayores.— Doctor Rodrigo Blamey
The Hearth Conversation Another angle on the story
¿Por qué la vacunación sigue siendo el pilar más olvidado si es tan importante como el ejercicio y la nutrición?
Porque durante décadas las vacunas estuvieron enfocadas principalmente en reducir la mortalidad infantil, y tuvieron un éxito extraordinario. Eso hizo que la gente las asociara solo con niños. Hoy sabemos que son fundamentales para proteger a adultos y especialmente a personas mayores, pero ese cambio de mentalidad aún no ha llegado a todos.
¿Qué tan grave puede ser una influenza en alguien de 70 años?
No es solo la enfermedad aguda. Puede significar la pérdida de independencia, la necesidad de apoyo permanente de familiares o cuidadores, o incluso el ingreso a establecimientos de larga estadía. Es una enfermedad que puede tener consecuencias negativas a largo plazo sobre la calidad de vida.
¿Qué es exactamente la inmunosenescencia?
Es un fenómeno natural mediante el cual el sistema inmune pierde progresivamente su capacidad para responder frente a infecciones. A medida que envejecemos, nuestras defensas funcionan de manera menos eficiente, lo que nos hace más vulnerables a infecciones y a desarrollar complicaciones más graves.
¿Hay riesgo real de efectos adversos graves por las vacunas?
Como cualquier medicamento, pueden tener efectos adversos, pero en la enorme mayoría de los casos son leves y transitorios. Cuando se compara el riesgo de una infección grave con el riesgo asociado a la vacunación, el beneficio es ampliamente favorable.
¿Por qué preocupa que las personas mayores tengan las coberturas de vacunación más bajas?
Porque son precisamente quienes enfrentan el mayor riesgo de hospitalización, complicaciones y deterioro de su estado de salud. Además, Chile está en una etapa avanzada de envejecimiento poblacional. Necesitamos que este grupo esté lo más protegido posible.