Hace un cuarto de siglo, los atentados del 11S sacudieron a una potencia que parecía destinada a gobernar el orden mundial sin rival. No fueron la causa de la multipolaridad que define 2026, pero sí el catalizador que reorientó la estrategia estadounidense, abriendo espacio para que China ascendiera y Rusia se recompusiera. La historia rara vez obedece a un solo golpe; más bien, ciertos momentos doblan la curva del tiempo y aceleran lo que ya estaba en movimiento.