En el Perú, el Congreso avanza hacia una reforma que colocaría a los máximos directivos de los organismos electorales bajo el escrutinio del juicio político, un mecanismo hasta ahora reservado para otras altas autoridades del Estado. La propuesta, aprobada en comisión con una votación ajustada, abre una pregunta que las democracias han debatido desde sus orígenes: ¿puede un árbitro ser verdaderamente imparcial si quienes participan en el juego tienen poder para destituirlo? El camino legislativo es largo y la resistencia institucional ya se ha hecho sentir.
Comisión aprueba que jefes del JNE, ONPE y Reniec sean sometidos a juicio político
La independencia del sistema electoral se vería comprometida
¿Por qué los jefes de estos organismos electorales no estaban incluidos en el artículo 99 desde el principio?
Históricamente, se consideró que los organismos electorales debían tener una autonomía especial, una protección contra la interferencia política. Incluirlos en las reglas de juicio político podría exponerlos a presiones.
Pero eso es precisamente lo que algunos dirían que falta: rendición de cuentas. Si cometen un delito o violan la Constitución, ¿no deberían poder ser acusados como cualquier otro funcionario?
Ese es el argumento de quienes votaron a favor. Dicen que la acusación constitucional es un proceso riguroso, no algo arbitrario.
¿Y el JNE qué dice exactamente?
Que la medida contradice los principios de un Estado constitucional. Argumentan que la independencia del sistema electoral se vería comprometida.
Aunque hay que notar que el JNE es el que se opone. Es su propia institución la que habla. ¿Hay otras voces en el debate, académicas o de expertos constitucionales?
¿Cuántos votos necesita esta reforma para convertirse en ley?
Ochenta y siete en dos legislaturas consecutivas. Los dieciséis votos de la comisión son solo el comienzo.
Así que aún hay un camino largo. Y eso significa que la oposición tiene tiempo para organizarse o para que el debate evolucione.
¿Qué pasa si no consigue los votos en la próxima legislatura?
Entonces la reforma muere. No avanza.
Le Pouls
- La Comisión de Constitución aprobó con apenas 16 votos a favor incluir a los jefes del JNE, ONPE y Reniec en el artículo 99 de la Constitución, que habilita el juicio político.
- El JNE respondió con una posición pública de rechazo, advirtiendo que la medida erosionaría la independencia del sistema electoral en un país con una historia reciente de turbulencia política.
- La reforma enfrenta un umbral alto: deberá ser ratificada en dos legislaturas consecutivas con al menos 87 votos cada vez, lo que convierte su aprobación final en una batalla prolongada.
- La tensión entre control político y autonomía institucional se instala en el centro del debate, con voces dentro del Congreso que piden escuchar al propio organismo afectado antes de avanzar.
En el Perú, el Congreso avanza hacia una reforma que colocaría a los máximos directivos de los organismos electorales bajo el escrutinio del juicio político, un mecanismo hasta ahora reservado para otras altas autoridades del Estado. La propuesta, aprobada en comisión con una votación ajustada, abre una pregunta que las democracias han debatido desde sus orígenes: ¿puede un árbitro ser verdaderamente imparcial si quienes participan en el juego tienen poder para destituirlo? El camino legislativo es largo y la resistencia institucional ya se ha hecho sentir.
La Comisión de Constitución del Congreso peruano aprobó un dictamen que modificaría el artículo 99 de la Constitución para incluir a los titulares del Jurado Nacional de Elecciones, la Oficina Nacional de Procesos Electorales y el Registro Nacional de Identificación y Estado Civil entre las autoridades que pueden ser sometidas a juicio político. Hasta ahora, estos funcionarios quedaban fuera de ese mecanismo, reservado para el presidente, congresistas, ministros y otras altas autoridades.
La votación en comisión fue estrecha: 16 a favor, 4 en contra y 5 abstenciones. Martha Moyano, presidenta de la comisión por Fuerza Popular, defendió la reforma argumentando que la acusación constitucional es un proceso riguroso y garantista. Waldemar Cerrón, de Perú Libre, pidió que se considerara la posición del JNE, que ya se había pronunciado públicamente en contra.
Y esa oposición no es menor. El JNE sostiene que someter a sus directivos a juicio político comprometería la independencia del sistema electoral, un principio que considera indispensable para la integridad de los comicios. La institución advierte que la medida contradice los fundamentos de un Estado constitucional de derecho.
La aprobación en comisión es solo el primer peldaño. Por tratarse de una reforma constitucional, el texto deberá ser ratificado en dos legislaturas consecutivas con un mínimo de 87 votos en cada una, lo que significa que el debate está lejos de cerrarse. La pregunta de fondo permanece abierta: si los árbitros electorales pueden ser removidos por decisión política, ¿cuánta independencia les queda realmente?
La Comisión de Constitución del Congreso peruano aprobó ayer un dictamen que abriría la puerta a procedimientos de juicio político contra los máximos directivos de las tres instituciones que administran las elecciones en el país: el Jurado Nacional de Elecciones, la Oficina Nacional de Procesos Electorales y el Registro Nacional de Identificación y Estado Civil. Hasta ahora, estos funcionarios no figuraban en el artículo 99 de la Constitución, que enumera a quiénes pueden ser acusados constitucionalmente. La reforma busca cambiar eso.
El texto propone modificar precisamente ese artículo 99, el cual actualmente permite acusar al presidente, congresistas, ministros y otras altas autoridades por infracción a la Constitución o por delitos cometidos en el ejercicio de sus funciones. Los jefes de los organismos electorales quedarían sujetos a las mismas reglas. Si la reforma prospera, podrían ser denunciados constitucionalmente e inhabilitados de sus cargos.
La votación en la comisión fue cerrada: dieciséis votos a favor, cuatro en contra y cinco abstenciones. Martha Moyano, presidenta de la Comisión de Constitución por Fuerza Popular, defendió el proceso argumentando que la acusación constitucional es un procedimiento riguroso regulado por ley y que todas las partes fueron escuchadas en el debate. Waldemar Cerrón, de Perú Libre, pidió que se tomara en cuenta la posición del JNE, que se ha pronunciado públicamente en contra, señalando que la medida contradice los principios fundamentales de un Estado constitucional.
Esta aprobación inicial es apenas el primer paso de un camino legislativo largo. Por tratarse de una reforma constitucional, el texto deberá ser ratificado en dos legislaturas consecutivas, cada una con un mínimo de ochenta y siete votos. Eso significa que la propuesta tendrá que volver al Pleno del Congreso en una próxima legislatura y obtener una mayoría calificada para convertirse en ley.
La oposición del JNE es significativa. La institución ha argumentado que someter a sus directivos a juicio político debilitaría la independencia del sistema electoral, un pilar que considera esencial para la integridad de los procesos electorales. El organismo sostiene que esta decisión iría en contra de los principios que sostienen un Estado constitucional de derecho. La tensión refleja una pregunta más profunda: si los árbitros electorales pueden ser destituidos por decisión política, ¿qué tan independientes pueden ser realmente?
Citations marquantes
Una acusación constitucional es rigurosa y la Subcomisión cumple la ley del Reglamento— Martha Moyano, presidenta de la Comisión de Constitución
Esta decisión sería contraria a los principios que sostienen un Estado constitucional— Posición del JNE, citada por Waldemar Cerrón