La obesidad es una enfermedad crónica, no un fallo de voluntad
El mensaje simplista «comer menos y moverse más» ignora que la obesidad es una enfermedad compleja donde intervienen cerebro, hormonas, metabolismo, entorno y emociones. No existe una única obesidad sino múltiples, cada paciente requiere tratamiento individualizado e interdisciplinario que combine nutrición, ejercicio, gestión emocional y apoyo médico.
- España podría alcanzar una tasa de obesidad del 37% en 2035, frente al 18% actual
- La Dra. Cristina Petratti tiene más de 25 años de experiencia en el tratamiento de la obesidad
- La American Medical Association reconoció en 2013 la obesidad como enfermedad crónica
- Más del 60% de la población española padece sobrepeso u obesidad en la actualidad
La Dra. Petratti argumenta que la obesidad es una enfermedad crónica multifactorial que requiere abordaje integral científico, no culpabilización por falta de voluntad. España enfrenta una emergencia sanitaria silenciada con proyecciones del 37% de prevalencia en 2035.
La Dra. Cristina Petratti lleva más de veinticinco años tratando a pacientes con obesidad, y en ese tiempo ha visto cómo un mensaje simple —comer menos, moverse más— se ha convertido en una sentencia moral que culpabiliza a millones de personas por una enfermedad que no entienden ni controlan. Acaba de publicar un libro que desafía directamente esa narrativa, argumentando que la obesidad no es un fallo de carácter sino una enfermedad crónica, compleja y multifactorial en la que intervienen el cerebro, las hormonas, el metabolismo, el entorno y las emociones de formas que la fuerza de voluntad no puede resolver.
En España, los números son alarmantes. La tasa de obesidad actual ronda el 18 por ciento, pero las proyecciones para 2035 apuntan al 37 por ciento. Si se suma el sobrepeso, ya hoy más del 60 por ciento de la población española padece algún grado de exceso de peso. Petratti describe esto como una emergencia sanitaria silenciada, una crisis que afecta no solo la salud física sino también el bienestar emocional, social y económico de millones de personas. Lo que preocupa a los expertos no es solo el número en la báscula, sino el impacto acumulativo de vivir en una sociedad que estigmatiza el cuerpo y culpabiliza al individuo por una condición que tiene raíces biológicas profundas.
El cambio de paradigma que Petratti propone comienza con un reconocimiento científico que ya ocurrió hace años en otros lugares pero que aún no ha penetrado completamente en la práctica clínica española. En 2013, la American Medical Association reconoció oficialmente la obesidad como una enfermedad crónica. Tres años después, la American Association of Clinical Endocrinologists propuso un término nuevo: Adiposity-Based Chronic Disease, o ABCD, enfatizando que el problema central no es el peso en sí mismo sino la disfunción del tejido adiposo y sus complicaciones clínicas. La ciencia cambió de paradigma. El discurso social y sanitario, sin embargo, se quedó atrás.
Petratti insiste en que no existe una obesidad sino muchas. Durante décadas, los médicos han clasificado a los pacientes con un único número: el índice de masa corporal. Dos personas con el mismo IMC pueden tener riesgos completamente diferentes. La distribución del tejido adiposo, su funcionamiento, la historia hormonal y emocional de cada paciente, su contexto social —todo eso determina el riesgo real y el tratamiento que necesita. Esto significa que la medicina debe abandonar las dietas estándar y los protocolos únicos. Cada paciente requiere un abordaje individualizado, interdisciplinario, que combine nutrición flexible, movimiento, apoyo emocional y seguimiento médico. No solo el endocrinólogo, sino también el médico de atención primaria, el nutricionista, el profesional del ejercicio físico y, cuando sea necesario, un psicólogo.
Los nuevos medicamentos —los agonistas del receptor GLP-1 y los agonistas duales— representan un avance real. Han demostrado ser herramientas eficaces y seguras. Pero Petratti es clara en su advertencia: no son la solución mágica ni sustituyen el cambio de hábitos. Funcionan mejor cuando se integran en un tratamiento multidisciplinar. El riesgo real es que se utilicen como atajo, sin acompañamiento profesional, sin trabajar la conducta alimentaria ni la gestión emocional. Si no hay cambio de hábitos detrás, en cuanto se retira el fármaco, el peso vuelve, y con él la frustración.
Lo que Petratti ve cada día en su consulta es algo que la medicina convencional ha ignorado durante años: las emociones lo condicionan absolutamente todo. Muchas personas con obesidad sitúan la comida como su refugio emocional. El estrés crónico, la ansiedad y la depresión pueden conducir a una alimentación emocional, alteraciones del sueño, sedentarismo y aumento de peso. A su vez, vivir con obesidad en una sociedad estigmatizante incrementa el riesgo de trastornos del estado de ánimo. Es un círculo bidireccional del que no se sale solo con una dieta. Por eso en su método, la gestión emocional no es un complemento sino un pilar central. Cambiar hábitos sin abordar las emociones es, en sus palabras, como querer tapar el sol con las manos.
Lo que se está haciendo mal en España es múltiple. Primero, se sigue tratando una enfermedad crónica como si fuera un problema estético o de voluntad. Segundo, está infradiagnosticada e infravalorada incluso por los propios profesionales sanitarios. Tercero, no se actúa sobre el entorno: vivimos en un ambiente obesogénico que promueve los ultraprocesados, el sedentarismo y la publicidad agresiva dirigida especialmente a la infancia. Cuarto, no se invierte lo suficiente en prevención ni en abordajes multidisciplinares dentro de la sanidad pública. Petratti reclama políticas reales: regulación de la publicidad alimentaria infantil, educación nutricional desde la escuela, urbanismo que favorezca el movimiento, acceso equitativo a tratamientos y formación específica para los profesionales sanitarios. Pero sobre todo, pide que se deje de culpabilizar al paciente. Reducir la obesidad a una cuestión de disciplina no solo es científicamente incorrecto; ha generado décadas de culpa, frustración y estigma que han hecho más difícil el camino hacia la salud.
Notable Quotes
La fórmula 'comer menos y moverse más' es simplista, científicamente incorrecta y termina siendo injusta y dañina para las personas con obesidad— Dra. Cristina Petratti
Sin trabajar las emociones, cualquier cambio es frágil y difícil de sostener en el tiempo— Dra. Cristina Petratti
The Hearth Conversation Another angle on the story
¿Por qué cree que el mensaje "comer menos y moverse más" ha perdurado tanto si la ciencia ya lo ha desmentido?
Porque es cómodo. Encaja con una idea moral muy arraigada: que el cuerpo es un reflejo directo de la voluntad. Es una fórmula que responsabiliza al individuo y exonera al sistema. Pero la evidencia es clara: la obesidad es una enfermedad crónica, multifactorial, donde intervienen el cerebro, las hormonas, el metabolismo, el entorno y las emociones.
Usted habla de "obesidades" en plural. ¿Qué cambia en la práctica clínica si pensamos así?
Todo. Significa dejar de aplicar la misma dieta estándar a personas con realidades biológicas radicalmente distintas. Dos pacientes con el mismo IMC pueden tener riesgos completamente diferentes. Necesitamos abordajes interdisciplinares, individualizados, que combinen nutrición, ejercicio, gestión emocional y apoyo médico.
¿Entonces los nuevos medicamentos para perder peso son la solución?
No. Son una herramienta dentro de una estrategia, nunca la estrategia entera. Funcionan mejor cuando se integran en un tratamiento multidisciplinar. El riesgo real es usarlos como atajo, sin acompañamiento profesional. Si no hay cambio de hábitos detrás, en cuanto se retira el fármaco, el peso vuelve.
En su método, la gestión emocional es central. ¿Por qué la medicina tradicional la ha ignorado tanto?
Porque hemos centrado casi todo en la alimentación y el ejercicio. Pero en la práctica clínica diaria aparece algo constante, silencioso y determinante: las emociones. Muchas personas con obesidad sitúan la comida como su refugio emocional. Sin trabajar eso, cualquier cambio es frágil.
España podría alcanzar el 37 por ciento de obesidad en 2035. ¿Qué debería ocurrir ahora?
Necesitamos políticas reales: regulación de publicidad alimentaria infantil, educación nutricional desde la escuela, urbanismo que favorezca el movimiento, acceso equitativo a tratamientos e inversión en abordajes multidisciplinares en sanidad pública. Y, sobre todo, dejar de culpabilizar al paciente.