En el umbral de las elecciones presidenciales brasileñas de octubre, Flávio Bolsonaro compareció ante las cámaras y ante el juicio de la prensa con una serenidad calculada que, según los columnistas de O Globo, no logró ocultar lo que no dijo. La actuación del senador fue calificada con un promedio de 2,4 sobre cinco puntos —por debajo del presidente Lula— en una evaluación que revela cuánto pesa el silencio cuando las preguntas tocan el dinero, las milicias y la democracia misma. En la política, como en la vida, no basta con mantener la calma si las dudas permanecen intactas.