La inteligencia compartida, la fuerza aplicada en cada territorio
En el umbral de una nueva geometría diplomática, Colombia y Estados Unidos han acordado unir fuerzas contra tres de los narcotraficantes más buscados del hemisferio, extendiendo además una mano a Venezuela para que se sume al esfuerzo. Lo que hace semanas parecía una relación rota entre Petro y Trump se ha transformado, al menos en apariencia, en un pacto operativo concreto: inteligencia compartida, operaciones soberanas, y la esperanza de cerrar las rutas de escape que cruzan fronteras porosas. La gran incógnita no es si los objetivos existen, sino si la voluntad política de tres naciones muy distintas puede sostenerse el tiempo suficiente para alcanzarlos.
- Tres capos —Iván Mordisco, Chiquito Malo y Pablito— han sido designados objetivos prioritarios en un acuerdo inédito entre Bogotá y Washington, elevando la presión sobre redes que mueven toneladas de cocaína.
- La frontera colombo-venezolana se ha convertido en una válvula de escape para los narcos: cuando las operaciones aprietan en Colombia, los líderes criminales se refugian en territorio venezolano, frustrando años de esfuerzos.
- Nicolás Maduro, arrestado por Estados Unidos en enero, era señalado como facilitador de esa protección; ahora Delcy Rodríguez gobierna Venezuela, y nadie sabe aún si cambiará las reglas del juego.
- Colombia ejecutará las operaciones militares en su propio suelo mientras EEUU aporta inteligencia táctica y de vigilancia, un modelo que busca respetar soberanías sin sacrificar eficacia.
- Venezuela recibe una invitación formal a participar en el intercambio de inteligencia y en operaciones coordinadas en su territorio, pero su fragilidad política convierte esa apertura en una apuesta de resultado incierto.
El ministro de Defensa colombiano Pedro Sánchez salió de la Casa Blanca el martes con un mensaje que pocos habrían anticipado hace apenas unos meses: Colombia y Estados Unidos están listos para golpear juntos al narcotráfico, y quieren que Venezuela se sume. La invitación, hecha pública el 4 de febrero de 2026, refleja un giro sorprendente entre Gustavo Petro y Donald Trump, dos líderes que no hace mucho intercambiaban críticas públicas y que ahora, según los relatos de la reunión, se trataron con llamativa cordialidad.
Bajo esa cortesía hay un acuerdo operativo preciso. Los dos países han identificado tres objetivos: Iván Mordisco, el rebelde más buscado de Colombia; Chiquito Malo, comandante del Clan del Golfo; y Pablito, líder del ELN activo en la frontera con Venezuela. Lo novedoso no son los nombres —ya estaban en las listas colombianas— sino la coordinación: Estados Unidos aportará inteligencia y vigilancia, mientras las fuerzas colombianas ejecutarán las operaciones en su propio territorio. Una división de trabajo que, en teoría, respeta la soberanía de cada nación.
El problema es geográfico. Cuando la presión se intensifica en Colombia, los capos cruzan hacia Venezuela, donde durante gobiernos anteriores habrían operado bajo protección de estructuras corruptas con presunta complicidad militar. Nicolás Maduro, arrestado por Estados Unidos el 3 de enero, fue acusado de facilitar ese esquema. Hoy Venezuela está en manos de Delcy Rodríguez, y Sánchez aseguró que la invitación a Caracas es genuina: participar en el intercambio de inteligencia y en operaciones coordinadas dentro de su propio territorio.
La arquitectura que describe Sánchez —inteligencia compartida, acción local, fronteras respetadas— es la apuesta central de esta ofensiva. Pero su éxito depende de una variable que nadie controla del todo: si Venezuela, con su estabilidad política aún en entredicho, decidirá aceptar la mano extendida y cumplir con lo que esa alianza exigiría.
El ministro de Defensa colombiano Pedro Sánchez salió de la Casa Blanca el martes con un mensaje claro: Colombia y Estados Unidos están listos para una ofensiva conjunta contra el narcotráfico, y quieren que Venezuela se sume al esfuerzo. La invitación, revelada el miércoles 4 de febrero de 2026, marca un giro notable en la relación entre el presidente Gustavo Petro y Donald Trump, quienes hace apenas meses intercambiaban críticas públicas.
La reunión entre los dos mandatarios transcurrió en términos cordiales. Trump incluso dedicó un libro a Petro, describiéndolo como una persona "genial". El presidente colombiano, por su parte, elogió la franqueza del estadounidense. Pero bajo la cortesía diplomática hay un acuerdo operativo concreto: ambos países han identificado tres objetivos prioritarios en la lucha contra el tráfico de cocaína. El primero es Iván Mordisco, considerado el rebelde más buscado de Colombia. El segundo es Chiquito Malo, comandante del Clan del Golfo. El tercero es Pablito, uno de los líderes de la guerrilla del ELN que opera en la frontera con Venezuela.
Sánchez aclaró que estos no son blancos nuevos para Colombia actuando en solitario. Lo que es nuevo es la acción coordinada entre dos países. Estados Unidos aportará capacidades de inteligencia —análisis, vigilancia, información táctica— pero serán las fuerzas colombianas las que ejecuten las operaciones militares en territorio nacional. Es una división de trabajo que respeta la soberanía de cada nación mientras multiplica la capacidad de golpear objetivos específicos.
Pero hay un problema geográfico que explica por qué Venezuela entra en la ecuación. Algunos de los capos más peligrosos de Colombia cruzan la frontera hacia el territorio venezolano cuando la presión se intensifica. Durante gobiernos anteriores en Venezuela, según denuncias de organizaciones de derechos humanos y seguridad, los grupos narcotraficantes colombianos operaban bajo protección de un sistema corrupto, supuestamente con complicidad de fuerzas militares locales. Nicolás Maduro, arrestado por Estados Unidos el 3 de enero, fue acusado de facilitar estas operaciones.
Ahora el país está gobernado por Delcy Rodríguez, una figura chavista. A pesar del cambio de liderazgo, Sánchez expresó que la invitación a Venezuela es genuina. "Se invitará también a Venezuela a que haga parte de este esfuerzo, especialmente en la frontera", dijo a Caracol Radio. La idea es que Venezuela también participe en el intercambio de inteligencia y en operaciones coordinadas en su propio territorio, respetando su soberanía pero actuando de manera conjunta.
Esta arquitectura de cooperación —inteligencia compartida, operaciones locales, respeto a las fronteras— es lo que Sánchez describió como la esencia de la nueva ofensiva. No se trata de que un país invada el territorio de otro, sino de que cada uno aplique la fuerza en su propio espacio mientras comparte información y coordina esfuerzos. La pregunta ahora es si Venezuela aceptará la invitación y, si lo hace, qué tan efectiva puede ser una alianza que incluye a un país cuya estabilidad política sigue siendo frágil.
Notable Quotes
No son objetivos nuevos para Colombia per se, pero sí son objetivos nuevos para una acción conjunta entre Colombia y Estados Unidos— Ministro Pedro Sánchez
Se invitará también a Venezuela a que haga parte de este esfuerzo, especialmente en la frontera— Ministro Pedro Sánchez
The Hearth Conversation Another angle on the story
¿Por qué ahora? ¿Qué cambió entre Petro y Trump para pasar de una guerra de palabras a esto?
La presión es real. Los capos no desaparecen porque los presidentes se peleen. Petro necesitaba demostrar que podía actuar contra el narcotráfico; Trump necesitaba mostrar que su política de seguridad funciona. Una reunión cordial les permite a ambos reclamar victoria.
Pero invitar a Venezuela es arriesgado, ¿no? ¿Cómo confían en que Delcy Rodríguez coopere?
No es que confíen. Es que no tienen opción. Los criminales usan la frontera como escape. Sin Venezuela en la mesa, cualquier operación en Colombia solo empuja a los capos hacia el otro lado. Es una invitación, pero también una presión.
¿Y si Venezuela dice que no?
Entonces la ofensiva funciona solo a medias. Colombia y Estados Unidos pueden golpear objetivos en territorio colombiano, pero los refugios seguirán siendo refugios. Es por eso que Sánchez enfatizó que la inteligencia compartida y las operaciones coordinadas son la clave.
¿Qué tan nuevo es realmente esto? ¿No han trabajado juntos antes?
Sí, pero nunca así. Antes eran operaciones aisladas, a veces con fricciones políticas. Ahora es un plan coordinado con objetivos específicos y una arquitectura clara: inteligencia estadounidense, ejecución colombiana, invitación a Venezuela. Es más ambicioso.
¿Quién es más vulnerable aquí: los capos o los gobiernos?
Los capos, probablemente. Pero los gobiernos también. Si esto fracasa, Petro queda como alguien que no pudo entregar seguridad. Si funciona, ambos reclaman crédito. Venezuela está en la posición más incómoda: si participa y hay bajas civiles, enfrenta críticas; si no participa, queda aislada.