En las montañas de Caldas, una empresa minera canadiense fue en busca de oro y encontró algo que el mundo moderno necesita con igual urgencia: tungsteno, el metal que sostiene desde brocas industriales hasta componentes de naves espaciales. El hallazgo fortuito de Collective Mining no es solo un dato geológico, sino una pregunta que Colombia lleva décadas postergando: ¿puede el país transformar lo que extrae de su subsuelo en riqueza propia, o seguirá cediendo ese valor a otros?