En cada ciclo presupuestario, las universidades colombianas enfrentan una disyuntiva que no debería existir: pagar por el conocimiento que ya existe en el mundo o invertir en el conocimiento que aún está por crearse. La Academia Colombiana de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales propone resolver esta tensión tratando el acceso a la información científica no como un gasto institucional, sino como infraestructura nacional, comparable a las redes digitales o las grandes bibliotecas públicas. La propuesta, que busca anclar al Banco de la República como negociador colectivo del país, apunta a conv
Colombia debe garantizar acceso a colecciones científicas internacionales para sus investigadores
Acceso al conocimiento con el que compite el mundo
¿Por qué es tan difícil para las universidades colombianas acceder a estas revistas científicas? ¿No es solo cuestión de pagar la suscripción?
Sí, pero el problema es que cada universidad paga por su cuenta. Una universidad pequeña en una región apartada paga casi lo mismo que una grande en Bogotá, pero su presupuesto es una fracción. Entonces tienen que elegir: ¿pago la revista o compro equipos de laboratorio?
Pero espera. ¿Cuánto cuesta realmente una suscripción? ¿Estamos hablando de miles de dólares al año por institución, o de cifras mucho mayores?
Eso varía mucho. Algunas revistas especializadas cuestan decenas de miles de dólares anuales. Y las universidades necesitan acceso a múltiples colecciones para que sus investigadores no queden aislados.
Entonces la propuesta es que el Banco de la República compre todo esto de una vez, como un solo cliente, y lo comparta con todos.
Exacto. Cuando negocias como país, tienes más poder. Puedes conseguir mejores precios. Y entonces esos recursos que las universidades gastaban en suscripciones pueden ir a investigación real.
¿Pero quién decide qué colecciones compra el Banco? ¿Y qué pasa si una universidad necesita algo muy especializado que el Banco no negoció?
Son preguntas válidas. La propuesta es que esto sea parte del Plan Nacional de Desarrollo, así que habría que diseñar esos detalles. Pero la idea es que sea un acuerdo nacional, no una decisión de una sola institución.
¿Cuántas universidades colombianas estarían excluidas ahora mismo del acceso a estas colecciones?
No hay una cifra exacta en la propuesta, pero la Academia sugiere que depende del presupuesto y la región. Las instituciones más pequeñas y las que están fuera de los grandes centros urbanos son las más afectadas.
Entonces esto no es solo un problema de dinero. Es un problema de equidad científica regional.
Exactamente. Si quieres que Colombia compita globalmente en investigación, no puedes dejar que la geografía y el presupuesto determinen quién tiene acceso al conocimiento.
Le Pouls
- Cada año, universidades colombianas deben elegir entre pagar suscripciones a revistas científicas internacionales o financiar laboratorios, becas e investigadores — una elección que no debería ser necesaria.
- La compra fragmentada, institución por institución, infla los costos y deja fuera a las universidades con menos recursos, profundizando la desigualdad científica entre regiones.
- La Academia Colombiana de Ciencias propone que el Banco de la República centralice la negociación y adquiera colectivamente las principales colecciones científicas, aprovechando economías de escala que ninguna institución puede lograr sola.
- El modelo liberaría recursos institucionales actualmente atrapados en suscripciones para redirigirlos hacia lo que realmente produce conocimiento: equipos, investigadores jóvenes e innovación.
- La propuesta busca incluirse en el nuevo Plan Nacional de Desarrollo, porque sin respaldo legislativo e institucional, cada cambio de gobierno podría desmantelar lo construido.
En cada ciclo presupuestario, las universidades colombianas enfrentan una disyuntiva que no debería existir: pagar por el conocimiento que ya existe en el mundo o invertir en el conocimiento que aún está por crearse. La Academia Colombiana de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales propone resolver esta tensión tratando el acceso a la información científica no como un gasto institucional, sino como infraestructura nacional, comparable a las redes digitales o las grandes bibliotecas públicas. La propuesta, que busca anclar al Banco de la República como negociador colectivo del país, apunta a convertir una necesidad dispersa en política de Estado antes de que el próximo Plan Nacional de Desarrollo cierre esa ventana.
En las universidades y centros de investigación de Colombia, cada año presupuestario trae consigo una tensión silenciosa: pagar por acceso a las revistas científicas y bases de datos internacionales, o invertir esos mismos recursos en laboratorios, equipos y becas. Para las instituciones con menos margen, la decisión es casi imposible.
La Academia Colombiana de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales ha llegado a una conclusión clara: el país puede hacerlo mejor. El problema no es la falta de voluntad, sino la fragmentación. Cada universidad negocia por su cuenta, paga precios que no reflejan el poder colectivo del sistema, y muchas instituciones simplemente quedan fuera por no poder costear las suscripciones.
La Academia propone repensar el modelo desde sus fundamentos: la información científica no es un lujo que depende del tamaño de una universidad o de la región donde trabaje un investigador. Es infraestructura nacional de conocimiento. Y como tal, debería gestionarse de forma centralizada.
La solución concreta que plantean es que el Banco de la República — con su tradición en asuntos culturales y su red bibliotecaria ya establecida — adquiera o licencie periódicamente las principales colecciones científicas internacionales mediante una negociación única a nombre del país. Así, todas las universidades y centros de investigación tendrían acceso, y los recursos que hoy se pierden en suscripciones dispersas podrían redirigirse hacia laboratorios, equipos e investigadores jóvenes.
Para que esto no dependa de la voluntad de cada administración, la Academia propone que la estrategia quede inscrita en el nuevo Plan Nacional de Desarrollo. Sin ese respaldo institucional y legislativo, lo que se construya podría deshacerse con el próximo cambio de gobierno.
Lo que está en juego es elemental: Colombia aspira a tener investigadores capaces de competir con los mejores del mundo. Pero eso exige, antes que cualquier otra cosa, garantizarles acceso al conocimiento con el que ese mundo ya compite.
En las universidades y centros de investigación colombianos, una tensión silenciosa define cada año presupuestario: pagar por acceso a las revistas científicas internacionales, las bases de datos especializadas y los índices que los investigadores necesitan para mantenerse al día con el conocimiento global, o invertir esos mismos recursos en laboratorios, equipos, becas y proyectos que podrían generar descubrimientos propios. Para las instituciones con presupuestos más ajustados, la decisión es casi imposible.
La Academia Colombiana de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales ha llegado a una conclusión clara: Colombia puede hacerlo mejor. El problema no es que los investigadores no merezcan acceso a estas colecciones. El problema es que el país las está comprando de forma fragmentada, cada universidad negociando por su cuenta, pagando precios que no reflejan el poder de compra colectivo, y dejando fuera a instituciones que simplemente no pueden costear la suscripción.
La Academia propone repensar esto desde cero. La información científica, argumentan, no debería tratarse como un lujo que depende del tamaño de una universidad o de la región donde trabaje un investigador. Debería entenderse como lo que realmente es: una infraestructura nacional de conocimiento, tan fundamental como las redes digitales, los laboratorios públicos o las grandes bibliotecas. Sin ella, los investigadores colombianos compiten con las manos atadas.
La solución que plantean es específica: que el Banco de la República, con su larga tradición en asuntos culturales y científicos y su red bibliotecaria ya establecida, adquiera o licencie periódicamente las principales colecciones científicas internacionales mediante una negociación nacional única. El Banco pondría esas colecciones al servicio de todas las universidades y centros de investigación del país. No es simplemente trasladar una factura de un lugar a otro. Es negociar como país, aprovechar las economías de escala que vienen de comprar en volumen, y liberar recursos institucionales que ahora se pierden en suscripciones para que se inviertan en lo que realmente genera conocimiento: laboratorios, equipos, investigadores jóvenes, innovación.
La Academia ha propuesto que esta estrategia se incluya en el nuevo Plan Nacional de Desarrollo. Ese plan es la oportunidad para convertir una necesidad que ahora está dispersa en una política de Estado real, con los ajustes legislativos e institucionales que la hagan sostenible a largo plazo. Sin eso, cada cambio de administración podría deshacer lo que se construyó.
Lo que está en juego es simple pero fundamental: Colombia quiere investigadores capaces de competir con los mejores del mundo. Pero eso es imposible si primero no se les garantiza algo elemental, algo que debería ser tan obvio que no necesitara ser dicho. Acceso al conocimiento con el que compite el mundo.
Citations marquantes
La información científica debe entenderse como una infraestructura nacional de conocimiento, semejante en importancia a las redes digitales, los laboratorios o las grandes bibliotecas— Academia Colombiana de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales
Se trata de negociar como país, aprovechar economías de escala y liberar recursos institucionales para destinarlos a producir conocimiento, formar talento e innovar— Academia Colombiana de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales