El cuerpo humano no es indiferente a lo que se le ofrece: cuando la alimentación cambia con intención y constancia, el colesterol LDL comienza a ceder en cuestión de semanas. La ciencia sitúa entre seis y doce semanas el momento en que los números reflejan con claridad el esfuerzo sostenido, recordándonos que la biología responde al cuidado cotidiano más rápido de lo que solemos creer. Este conocimiento no es solo médico, es también una invitación a confiar en que las decisiones pequeñas, repetidas día tras día, tienen peso real en la salud del corazón.