Estudiantes de 14 escuelas porteñas construyen cohetes que alcanzarán 150 metros de altura el 23 de octubre, equipados con computadoras que registran datos de vuelo. El programa integra equipos multidisciplinarios de diferentes orientaciones académicas para trabajar en ingeniería aeroespacial, tecnología y diseño de hábitats extraterrestres.
Cohetes y ciencia: el programa que trae la exploración espacial a las aulas porteñas
El cohete es el vehículo para ir al espacio. Pero vos allá tenés que vivir.
¿Por qué es importante que estos estudiantes construyan sus propios cohetes en lugar de simplemente aprender sobre cohetes en un libro?
Porque cuando vos construís algo, entendés por qué cada pieza está donde está. No es lo mismo leer que el punto de equilibrio importa a tener que calcular dónde va la aleta para que el cohete no se desestabilice.
Pero ¿cuánto de lo que aprenden acá es transferible? Es decir, ¿después de esto, estos chicos realmente entienden ingeniería aeroespacial o solo aprendieron a armar un cohete específico?
Eso es lo que busca la metodología STEAM. No es solo armar el cohete. Tienen que programar la computadora, analizar datos, diseñar un hábitat. Es un ecosistema de aprendizaje.
¿Y qué pasa con los estudiantes que no tienen vocación espacial? ¿Para ellos qué significa esta experiencia?
Para muchos es la primera vez que se encuentran con un sector de la industria que no conocían. Algunos descubren que les interesa, otros simplemente aprenden a trabajar en equipo con gente de diferentes orientaciones académicas.
Mencionás que el 70-80% viene de escuelas públicas. ¿Eso significa que hay acceso equitativo o que simplemente hay más escuelas públicas en Buenos Aires?
Es una buena pregunta. El programa está dentro de Vinculación con el Futuro, que es obligatorio en la jornada escolar, así que en teoría todos tienen acceso. Pero que haya cincuenta cupos para toda la ciudad es bastante limitado.
¿Qué sucede el 23 de octubre cuando lanzan los cohetes? ¿Es el final del programa?
No, es un hito importante pero no el final. Después tienen que analizar los datos que capturó el CanSat y compararlos con sus cálculos. Y antes del lanzamiento todavía diseñan un hábitat espacial.
¿Hay algún seguimiento después? ¿Se sabe si estos estudiantes realmente se orientan hacia carreras en aeroespacial o si el programa termina después del lanzamiento?
El artículo no lo dice. Eso sería interesante saberlo, pero por ahora el programa está enfocado en la experiencia práctica durante el año escolar.
O Pulso
- 50 estudiantes de 14 escuelas porteñas construyen cohetes que alcanzarán 150 metros el 23 de octubre
- Cada cohete lleva un CanSat programado por los estudiantes para registrar presión, inclinación y aceleración
- Los equipos son multidisciplinarios: estudiantes de orientaciones en ciencias naturales, comunicación, administración y exactas
- Entre 70% y 80% de los participantes provienen de escuelas públicas
- El programa forma parte de Vinculación con el Futuro del Ministerio de Educación de la Ciudad
Estudiantes de 14 escuelas porteñas construyen cohetes que alcanzarán 150 metros de altura el 23 de octubre, equipados con computadoras que registran datos de vuelo. El programa integra equipos multidisciplinarios de diferentes orientaciones académicas para trabajar en ingeniería aeroespacial, tecnología y diseño de hábitats extraterrestres.
El Ministerio de Educación de Buenos Aires impulsa un programa que permite a 50 estudiantes de escuelas públicas y privadas construir cohetes, programar satélites en miniatura y diseñar hábitats espaciales, aplicando metodología STEAM en experiencias prácticas.
En una aula de Buenos Aires, sobre las mesas se amontonan cables, pequeñas computadoras y piezas de cartón, plástico y madera. A pocos metros descansa un cohete de casi un metro de largo, testigo silencioso de lo que sucederá en pocas semanas. El 23 de octubre, cincuenta estudiantes de catorce escuelas porteñas intentarán lanzar los vehículos que construyeron con sus propias manos hacia una altura de aproximadamente 150 metros. No se trata de maquetas decorativas. Cada uno llevará en su interior una pequeña computadora programada por los mismos estudiantes, diseñada para registrar presión, inclinación y aceleración durante el vuelo. Una vez que los cohetes regresen a tierra, los datos capturados serán comparados con los cálculos teóricos que los estudiantes realizaron en el aula.
Esta experiencia forma parte de Vinculación con el Futuro, un programa del Ministerio de Educación de la Ciudad de Buenos Aires, desarrollado en colaboración con Space Academy Camp, Space Education Foundation y la Escuela de Modelismo Espacial Cóndor AEME. Lo que distingue esta iniciativa es su alcance: no se limita a estudiantes de escuelas técnicas, sino que convoca a jóvenes de establecimientos públicos, privados y de orientación normal. Paz Amieva, coordinadora del programa, explica que se trata de una práctica obligatoria dentro de la jornada escolar donde los estudiantes salen de sus instituciones para encontrarse con un sector de la industria —en este caso el aeroespacial— y acercarse tanto al mundo laboral como académico.
Daniel Senatore, director general de Space Academy Camp, cuenta que su organización lleva más de una década desarrollando programas educativos para jóvenes, principalmente en el exterior con experiencias vinculadas a la NASA. Cuando surgió el contacto con el Ministerio de Educación porteño, decidieron pensar en una versión local de sus iniciativas. El resultado fue un recorrido que lleva a los estudiantes desde el armado de un cohete hasta el diseño de un hábitat espacial. Los participantes recibieron un kit con componentes sin ensamblar. Debieron armar cada pieza y utilizar OpenRocket, un programa de simulación que les permite analizar el comportamiento del cohete antes del lanzamiento. El desafío no es trivial: deben determinar el punto de equilibrio, comprender por qué cada componente ocupa un lugar específico y cómo esas decisiones influyen en la estabilidad durante el vuelo. Las aletas son de madera, otras partes combinan cartón y plástico, mientras que el motor es un componente comercial ya preparado.
Pero el despegue es apenas una parte del proyecto. Los estudiantes ahora trabajan en la carga útil: un CanSat, una computadora pequeña que reproduce a escala algunas funciones de un satélite. Mientras que en experiencias escolares tradicionales se coloca un huevo como carga para que sobreviva al lanzamiento y descenso, aquí el desafío es más ambicioso. El CanSat transmitirá señales de presión, ángulos de inclinación, aceleración y otros parámetros que los estudiantes calcularon previamente. Luego descenderá con un paracaídas, permitiendo que recuperen la información y evalúen qué ocurrió realmente durante el vuelo comparándolo con sus predicciones teóricas.
Los cincuenta alumnos fueron distribuidos deliberadamente en cinco equipos de diez integrantes cada uno, pero no agrupados por colegio de origen. Hay estudiantes con orientaciones en ciencias naturales, comunicación, administración y exactas, entre otras. Senatore señala que rompieron los esquemas tradicionales donde los estudiantes llegan con su grupo de escuela. La intención fue combinar perfiles y conocimientos siguiendo una metodología STEAM que integra ciencia, tecnología, ingeniería, artes y matemática. El enfoque es fundamentalmente práctico: aprender haciendo, aunque existe un ámbito teórico, el objetivo es poner a los estudiantes en el rol de curiosos activos.
Desde el Ministerio de Educación explican que cada actividad se formaliza mediante un acuerdo pedagógico que establece previamente qué contenidos se trabajarán y cómo se vinculan con el diseño curricular. La experiencia ocurre en horario escolar y los contenidos siempre están dentro de la currícula oficial. Uno de los objetivos es ampliar el abanico de áreas que los estudiantes pueden explorar antes de terminar el secundario. Mientras que hay mucha oferta en industria tecnológica, empresas y turismo, el sector aeroespacial estaba prácticamente ausente de las opciones educativas. Aproximadamente entre el 70% y el 80% de los participantes provienen de escuelas públicas.
Entre los estudiantes hay quienes llegaron con una vocación ya definida. Vicente Servetto sigue desde hace años la actividad espacial y quiere estudiar Ingeniería Mecánica con intención de orientarse hacia el sector aeroespacial. Marycarmen Arias recuerda que su interés comenzó cuando descubrió qué era una nebulosa: fue como una explosión para ella. A partir de entonces investigó por su cuenta, se interesó por instrumentos como el telescopio Hubble y por la posibilidad de desarrollar tecnologías que permitan ampliar el conocimiento del universo. Catalina Spadotto describe cómo insistió repetidamente para obtener uno de los cincuenta cupos muy disputados, en el marco de un resurgimiento del interés por la exploración espacial.
Aún les queda una última etapa antes del lanzamiento. Los equipos deberán diseñar un hábitat y pensar qué condiciones necesitaría una persona para vivir fuera de la Tierra. Senatore resume la idea: el cohete es el vehículo para ir al espacio, pero una vez allá hay que vivir. El proyecto no busca quedarse únicamente con la parte más espectacular del despegue, sino avanzar hacia la pregunta siguiente: qué ocurre cuando se llega a destino y cómo debería ser un espacio habitable para seres humanos.
Citações Notáveis
Es una práctica dentro de Vinculación con el Futuro, un formato obligatorio dentro de su jornada escolar, donde tienen que salir de la escuela para encontrarse con algún sector de la industria, en este caso el aeroespacial.— Paz Amieva, coordinadora del programa
Somos partidarios de ser mucho hands on, de aprender haciendo. Sí hay un ámbito teórico, pero buscamos poner a los chicos en el switch de curioso.— Daniel Senatore, director general de Space Academy Camp