Desde las profundidades de la imaginación colectiva y el rigor científico, ciento setenta y cinco equipos de todo el mundo respondieron este año al llamado de The Mars Society: diseñar una ciudad real en Marte, capaz de albergar a un millón de personas sin depender de la Tierra. El concurso, cuyos cinco ganadores fueron anunciados en la Convención Internacional de la organización, no es un ejercicio de ciencia ficción, sino un mapa preliminar de lo que la humanidad necesitaría para convertirse, por primera vez, en una especie multiplanetaria. Entre los finalistas, una propuesta española nacida
Ciudades en Marte: así serían los proyectos ganadores para un millón de habitantes
Cien veces más costoso conseguir materiales en Marte que en la Tierra
¿Por qué un concurso de diseño? ¿No debería estar esto en manos de agencias espaciales?
El concurso abre el problema a mentes diversas. Arquitectos, ingenieros civiles, diseñadores de sistemas. The Mars Society quería ver cómo diferentes disciplinas abordarían la autosuficiencia.
Pero aquí hay que ser honesto: estos son diseños en papel. Ninguno de estos proyectos ha sido probado en Marte, ni siquiera en un simulador a escala real.
Entiendo. Entonces, ¿cuál es el valor real de esto?
El valor está en la planificación. Si alguna vez vamos a Marte, necesitaremos haber pensado en cómo producir alimentos, generar energía, organizar la sociedad. Estos proyectos son ese pensamiento hecho visible.
Cierto, pero hay un salto enorme entre diseñar en 2D y construir en un planeta donde la gravedad es un tercio de la nuestra y la atmósfera es tóxica.
¿Qué hace que Nüwa, el proyecto español, sea diferente?
La construcción vertical en túneles es inteligente. Te protege de la radiación marciana y del clima extremo. Y los módulos de cuatro mil cuatrocientos personas cada uno crean unidades manejables dentro de una ciudad grande.
Pero el costo de los materiales es cien veces mayor en Marte. ¿Cómo se resuelve eso económicamente? El proyecto no entra en detalles sobre financiación.
¿Y la comida? ¿Insectos?
Es práctico. Los insectos convierten alimento en proteína de forma muy eficiente. Combinados con cultivos vegetales, podrían alimentar a un millón de personas.
En teoría. Pero cultivar insectos a escala industrial en Marte, con sistemas de soporte vital cerrados, es territorio completamente desconocido.
El Pulso
- The Mars Society lanzó en febrero un desafío sin precedentes: diseñar una ciudad marciana autosuficiente para un millón de habitantes, con mínima dependencia de suministros terrestres.
- Ciento setenta y cinco equipos de ingenieros, arquitectos y visionarios compitieron con propuestas que debían resolver desde la alimentación y la energía hasta la economía y la cultura de una sociedad en otro planeta.
- El proyecto internacional Nexus Aurora se alzó con el primer lugar, seguido por equipos de Australia y Francia, en una competencia que evidenció la complejidad casi inabarcable de colonizar Marte.
- El equipo español Sonet, liderado desde Barcelona por Guillem Anglada-Escudé, llegó a la ronda final con Nüwa, una ciudad vertical de túneles interconectados donde los insectos serían fuente de proteína y la energía nuclear y solar garantizarían la supervivencia.
- Lejos de ser fantasía, estos proyectos funcionan como laboratorios de pensamiento sistémico que empujan los límites reales de la ingeniería y la planificación urbana para un futuro no tan lejano.
Desde las profundidades de la imaginación colectiva y el rigor científico, ciento setenta y cinco equipos de todo el mundo respondieron este año al llamado de The Mars Society: diseñar una ciudad real en Marte, capaz de albergar a un millón de personas sin depender de la Tierra. El concurso, cuyos cinco ganadores fueron anunciados en la Convención Internacional de la organización, no es un ejercicio de ciencia ficción, sino un mapa preliminar de lo que la humanidad necesitaría para convertirse, por primera vez, en una especie multiplanetaria. Entre los finalistas, una propuesta española nacida en Barcelona recuerda que el sueño marciano también tiene acento propio.
En febrero de este año, The Mars Society lanzó una pregunta que lleva décadas rondando la imaginación humana: ¿cómo se construiría una ciudad de verdad en Marte? No una base temporal ni un puesto de investigación, sino una urbe para un millón de personas, autosuficiente y viable a largo plazo. Ciento setenta y cinco equipos de todo el mundo aceptaron el reto.
Cada propuesta debía contemplar arquitectura, infraestructura, economía, política, estructura social y vida cultural. La condición más exigente era la autosuficiencia: solo los componentes electrónicos más críticos podrían importarse desde la Tierra. Alimentos, energía, ropa, maquinaria y vehículos tendrían que producirse en el Planeta Rojo.
En la reciente Convención Internacional de la organización se anunciaron los cinco ganadores. El primer lugar, con diez mil dólares, fue para Nexus Aurora, un proyecto de carácter internacional. Le siguieron Southern Cross Innovations de Australia, la Fundación Navarro Rémy de Francia, Phlegra Prime de Estados Unidos y Sar del cráter Korolev, también australiano.
Entre los diez finalistas figuró una propuesta española: Nüwa, liderada desde Barcelona por el astrofísico Guillem Anglada-Escudé a través del equipo Sonet. Su diseño plantea una ciudad construida en vertical, con macroedificios de seis módulos capaces de albergar a cuatro mil cuatrocientos habitantes cada uno, todos conectados mediante túneles. Anglada-Escudé advirtió que los materiales necesarios para la autosuficiencia costarían cien veces más que en la Tierra, lo que ilustra la magnitud del desafío.
Nüwa combinaría cultivos vegetales con proteína de insectos para la alimentación, y dependería de tres sistemas energéticos independientes —nuclear y solar— para garantizar estabilidad. El Dr. Robert Zubrin, presidente de The Mars Society, destacó que los finalistas habían abordado con rigor los requisitos de un asentamiento humano permanente, contribuyendo a que tanto la comunidad científica como el público comprendan qué haría falta para fundar la primera gran ciudad marciana.
En febrero de este año, The Mars Society lanzó una competencia internacional con una pregunta que ha obsesionado a la humanidad durante décadas: ¿cómo construiríamos una ciudad en Marte? No una base temporal, no un puesto de investigación, sino una ciudad de verdad. Una ciudad para un millón de personas. Autosuficiente. Viable a largo plazo. Ciento setenta y cinco equipos de diseñadores, ingenieros y visionarios de todo el mundo presentaron sus respuestas.
La tarea era monumental. Cada proyecto debía contemplar no solo la arquitectura y la infraestructura física, sino también la economía, la política, la estructura social y la vida cultural de una ciudad marciana. Los participantes tenían que imaginar cómo alimentar a un millón de personas, cómo generar energía, cómo construir con materiales locales, cómo organizar la sociedad. Y tenían que hacerlo con un mínimo de importaciones desde la Tierra: solo los componentes más críticos, como la electrónica avanzada, podrían viajar desde nuestro planeta. Todo lo demás —alimentos, ropa, electricidad, bienes de consumo, máquinas, vehículos— tendría que producirse en Marte.
En la Convención Internacional de Mars Society celebrada recientemente, se anunciaron los cinco ganadores. El primer lugar fue para Nexus Aurora, un proyecto internacional que se llevó diez mil dólares. Le siguió Southern Cross Innovations, de Australia, con cinco mil dólares. El tercer lugar correspondió a Fundación Navarro Rémy, un equipo francés, que recibió dos mil quinientos dólares. En cuarto lugar quedó Phlegra Prime, de Estados Unidos, con mil dólares. Y cerrando el top cinco, Sar del cráter Korolev, otro proyecto australiano, que obtuvo quinientos dólares.
Entre los diez finalistas hubo representación española. El proyecto Nüwa, liderado desde Barcelona por Guillem Anglada-Escudé a través del equipo Sonet, llegó a la ronda final. Su propuesta imagina una ciudad construida en vertical, con macroedificios de seis módulos que albergarían a cuatro mil cuatrocientos habitantes cada uno, conectados por un sistema de túneles. Según explicó Anglada-Escudé en una entrevista, los materiales necesarios para que la ciudad fuera autosuficiente en Marte costarían cien veces más de lo que cuestan en la Tierra, lo que subraya la complejidad de la tarea.
La alimentación en Nüwa combinaría cultivos vegetales con proteína animal procedente de insectos, una solución práctica para maximizar la producción de alimentos en un entorno hostil. La energía provendría de tres sistemas de generación independientes: energía nuclear y energía solar, proporcionando redundancia y estabilidad a la ciudad. Cada decisión de diseño refleja una comprensión profunda de lo que significa construir no solo una estructura, sino un ecosistema humano completo en otro planeta.
El Dr. Robert Zubrin, presidente de The Mars Society, señaló que los finalistas habían realizado un trabajo excepcional al abordar los requisitos para un asentamiento humano a largo plazo en Marte, considerando múltiples factores críticos. Sus esfuerzos, dijo, ayudarían tanto a la comunidad científica como al público en general a comprender mejor qué se necesitaría para establecer la primera gran ciudad en el Planeta Rojo en un futuro no demasiado lejano. Estos proyectos no son fantasía pura; son ejercicios rigurosos de ingeniería, planificación urbana y pensamiento sistémico que exploran los límites reales de lo que podría ser posible.
Citas Notables
Los finalistas hicieron un trabajo maravilloso al presentar los requisitos para el asentamiento humano a largo plazo del planeta Marte, considerando muchos factores importantes— Dr. Robert Zubrin, presidente de The Mars Society