En Santiago, cinco naciones del Cono Sur y los Andes reconocieron formalmente lo que la realidad ya les había enseñado: que el crimen organizado no conoce fronteras y que ningún Estado puede enfrentarlo en soledad. Argentina, Bolivia, Chile, Ecuador y Perú suscribieron el Compromiso de Santiago, un acuerdo regional que apuesta por la cooperación política e inteligencia compartida como respuesta colectiva a una amenaza que ha cobrado vidas jóvenes, corrompido instituciones y sometido comunidades enteras. Es un momento en que la soberanía cede terreno a la solidaridad, no por debilidad, sino por
Cinco países latinoamericanos firman pacto regional contra el crimen organizado transnacional
El crimen organizado va matando a nuestros jóvenes, sometiendo barrios y comprando voluntades
¿Por qué estos cinco países decidieron firmar un acuerdo ahora, en este momento específico?
Porque el crimen organizado ya no opera dentro de fronteras nacionales. Cuando un cartel puede moverse de Perú a Bolivia a Chile sin fricción, los esfuerzos aislados de cada país se vuelven inútiles. Llegaron al punto de quiebre.
¿Qué tan serio es el problema? ¿Tenemos números?
En Perú solo, 196 homicidios en un mes. Eso es solo lo que se cuenta. El crimen está tomando barrios enteros, corrompiendo autoridades, matando jóvenes. No es un problema de seguridad abstracto, es una crisis que está moldeando la política electoral.
¿Crees que este acuerdo va a funcionar?
Depende de qué significa funcionar. Si significa que van a detener el crimen organizado en seis meses, no. Pero si significa que van a empezar a compartir información real, a coordinar operaciones, a dejar de trabajar en silos, entonces sí tiene potencial.
¿Hay presión política detrás de esto?
Claro. Kast está bajo presión por no tener un plan de seguridad claro. Esta cumbre le permite mostrar que está haciendo algo a nivel regional. Pero eso no significa que el acuerdo sea falso, solo que la política doméstica y la regional están entrelazadas.
¿Qué pasa en 180 días cuando se reúnan de nuevo?
Tendrán que mostrar resultados concretos o admitir que el problema es más profundo de lo que pensaban. Y luego intentarán convencer a otros países de la región a sumarse. Si funciona, podría ser el comienzo de algo más grande.
El Pulso
- El crimen transnacional ha desbordado las capacidades individuales de cada Estado: solo en febrero, Perú registró 196 homicidios, y la inseguridad ya define el horizonte electoral de la región.
- Las organizaciones criminales explotan precisamente las fronteras que dividen a estos países, convirtiendo cada límite nacional en una ventaja táctica para el narcotráfico y la migración irregular.
- Cinco cancilleres firmaron el Compromiso de Santiago con un mandato concreto: compartir información, coordinar políticas y actuar como bloque en lugar de como naciones aisladas.
- El acuerdo fija un plazo de 180 días para medir avances, con la intención de presentar resultados ante la OEA y ampliar la coalición a otros países del continente.
- Chile, país anfitrión, enfrenta su propia turbulencia interna: la renuncia de su ministra de Seguridad tras menos de tres meses en el cargo revela la tensión entre la ambición regional y la fragilidad política doméstica.
En Santiago, cinco naciones del Cono Sur y los Andes reconocieron formalmente lo que la realidad ya les había enseñado: que el crimen organizado no conoce fronteras y que ningún Estado puede enfrentarlo en soledad. Argentina, Bolivia, Chile, Ecuador y Perú suscribieron el Compromiso de Santiago, un acuerdo regional que apuesta por la cooperación política e inteligencia compartida como respuesta colectiva a una amenaza que ha cobrado vidas jóvenes, corrompido instituciones y sometido comunidades enteras. Es un momento en que la soberanía cede terreno a la solidaridad, no por debilidad, sino por lucidez.
El jueves pasado, cinco ministros de Relaciones Exteriores se reunieron en Santiago con un propósito que sus gobiernos llevan tiempo persiguiendo: enfrentar juntos lo que ninguno puede resolver por separado. Argentina, Bolivia, Chile, Ecuador y Perú firmaron el Compromiso de Santiago, un acuerdo regional para coordinar esfuerzos contra el crimen organizado transnacional, la migración irregular y el narcotráfico. No fue un gesto simbólico: fue el reconocimiento de que las fronteras que separan a estos países son exactamente las que el crimen usa para escapar.
El presidente chileno José Antonio Kast fue directo: estos países estaban cansados de ver cómo el crimen mataba a sus jóvenes, tomaba control de los barrios y corrompía a quienes tenían poder para detenerlo. El canciller Francisco Pérez Mackenna lo tradujo en términos institucionales: la delincuencia organizada amenaza la gobernanza, la seguridad ciudadana y la estabilidad de la región, y los esfuerzos nacionales aislados simplemente no bastan. El documento firmado por los cancilleres de las cinco naciones establece un plan de acción conjunto con un plazo claro: en 180 días se reunirán para medir avances y luego presentarán los resultados ante la Asamblea General de la OEA, con la intención de sumar más países a la iniciativa.
El contexto político complica el cuadro para Chile. El gobierno de Kast ha enfrentado críticas por carecer de un plan concreto de seguridad pública, promesa central de su campaña. Esa tensión derivó en la renuncia de la ministra de Seguridad Trinidad Steinert tras menos de tres meses en el cargo. Su sucesor, Martín Arraú, aclaró esta semana que el gobierno opera bajo una política nacional de seguridad promulgada por la administración anterior, con vigencia de seis años.
Los números regionales explican la urgencia. En Perú, solo en febrero se registraron 196 homicidios, y la inseguridad ya perfila el debate electoral. Ecuador ha anunciado operaciones conjuntas con Estados Unidos contra grupos criminales designados como terroristas, y Argentina ya había firmado acuerdos similares con Washington. Lo que estos cinco países reconocen ahora es que la respuesta al crimen debe ser tan transfronteriza como el crimen mismo.
Cinco ministros de Relaciones Exteriores se sentaron alrededor de una mesa en Santiago el jueves pasado con un propósito que sus gobiernos llevan tiempo persiguiendo: encontrar la manera de enfrentar juntos lo que ninguno puede resolver solo. Argentina, Bolivia, Chile, Ecuador y Perú firmaron ese día el Compromiso de Santiago, un acuerdo regional diseñado para coordinar esfuerzos contra el crimen organizado transnacional, la migración irregular y el narcotráfico. No fue un gesto simbólico. Fue el reconocimiento de que las fronteras que separan a estos países son exactamente las que el crimen usa para escapar.
El presidente chileno José Antonio Kast participó en la cumbre y fue directo en sus palabras. Dijo que estos cinco países estaban cansados de ver cómo el crimen organizado mataba a sus jóvenes, tomaba control de los barrios y corrompía a quienes tenían poder para detenerlo. El canciller chileno Francisco Pérez Mackenna fue más técnico pero igual de claro: la delincuencia organizada se ha convertido en una de las amenazas más serias para la gobernanza, la seguridad de las personas y la estabilidad institucional de la región. Los esfuerzos que cada país hace por su cuenta, explicó, simplemente no son suficientes. Necesitaban compartir información, coordinar políticas, trabajar como un bloque.
El acuerdo fue suscrito por los cancilleres de cada nación: Pablo Quirno de Argentina, Fernando Aramayo de Bolivia, Carlos Pareja de Perú y Gabriela Sommerfeld de Ecuador, junto con las autoridades chilenas. El documento establece un plan de acción conjunto y fija un plazo claro: en 180 días, los cinco países se reunirán nuevamente para medir qué han logrado. Después, presentarán los resultados ante la Asamblea General de la Organización de Estados Americanos con la intención de invitar a otros países del continente a sumarse a la iniciativa.
Pero la cumbre ocurre en un contexto político complicado para Chile. El gobierno de Kast ha enfrentado críticas por no tener un plan concreto de seguridad pública, a pesar de que fue una de sus promesas principales durante la campaña. Esa falta de claridad llevó a la renuncia de la ministra de Seguridad Pública, Trinidad Steinert, después de menos de tres meses en el cargo. El actual ministro de Seguridad, Martín Arraú, quien también participó en la cumbre, intentó aclarar la posición del gobierno esta semana. Dijo que existe una política nacional de seguridad pública vigente, promulgada por el gobierno anterior, que durará seis años y que su administración operará bajo ese marco.
A nivel regional, los números muestran por qué esta coordinación es urgente. En Perú, solo en febrero se registraron 196 homicidios. La inseguridad ya se perfila como un tema decisivo para las próximas elecciones presidenciales en ese país. Ecuador ha anunciado operaciones conjuntas con Estados Unidos para desmantelar grupos criminales designados como terroristas. Argentina ya había firmado acuerdos similares con Washington. Lo que estos cinco países reconocen ahora es que el crimen no respeta fronteras, y tampoco puede hacerlo la respuesta.
Citas Notables
Estos cinco países se cansaron de mirar cómo el crimen organizado va matando a nuestros jóvenes, va sometiendo nuestros barrios y comprando voluntades— José Antonio Kast, presidente de Chile
La delincuencia organizada se ha consolidado como una de las principales amenazas de la gobernanza y la seguridad de las personas. Dada su naturaleza transfronteriza, los esfuerzos nacionales resultan insuficientes— Francisco Pérez Mackenna, canciller de Chile