En la tarde del domingo 20 de septiembre, cinco drones armados sobrevolaron una subestación policial en Potrerito, zona rural de Jamundí, Valle del Cauca, y lanzaron explosivos contra la instalación. Ningún uniformado resultó herido y los daños materiales preliminares parecen limitados, pero el ataque no ocurrió en el vacío: ese mismo día ardió un incendio intencional cerca de un condominio y barricadas bloquearon una vía rural durante horas. La jornada entera invita a preguntarse si la violencia que alguna vez llegaba a pie ahora aprende a volar.