En el umbral de un nuevo año, científicos de Francia e Italia revelaron que el volcán Etna no obedece únicamente a las fuerzas del subsuelo, sino también a los ritmos más lentos y vastos del cosmos: el movimiento periódico del eje terrestre, modulado por la gravedad lunar y solar, se correlaciona con la actividad sísmica y eruptiva del volcán más activo de Italia. El hallazgo, publicado en Geophysical Research Letters, nos recuerda que la Tierra es un cuerpo vivo cuya geometría cambia sin cesar, y que incluso una deformación de un centímetro puede ser suficiente para despertar la furia de una
Científicos vinculan la actividad del Etna con el movimiento de los polos terrestres
Pequeños cambios en la presión pueden liberar energía acumulada
¿Cómo es posible que un movimiento de apenas un centímetro en la deformación terrestre afecte la actividad de un volcán?
La deformación no es uniforme. Aunque parece pequeña a escala global, se concentra en regiones específicas. El Etna está en una zona donde esa deformación es máxima, y además, está rodeado de rocas bajo estrés. Pequeños cambios en la presión pueden liberar energía acumulada.
Pero aquí hay que ser cuidadoso. Los investigadores encontraron una correlación entre el movimiento de los polos y la actividad sísmica durante diecinueve años. ¿Es eso suficiente para establecer causalidad? ¿Cuántos ciclos de 6.4 años cubre realmente ese período?
Buena pregunta. Entonces, ¿qué significa exactamente que los gráficos "cambien de manera similar"?
Significa que cuando el movimiento del polo alcanza su amplitud máxima, la energía sísmica en la región del Etna también tiende a aumentar. Los picos coinciden en 2002 y 2009. Es una sincronización que no parece ser coincidencia.
Pero el artículo no especifica el coeficiente de correlación. ¿Es una correlación fuerte o débil? Y en 2015, el patrón se rompe. ¿Por qué?
¿Esto significa que podríamos predecir erupciones del Etna usando datos sobre el movimiento de los polos?
Potencialmente, sí. Si la correlación es robusta, podría convertirse en una herramienta predictiva. Pero primero necesitamos entender el mecanismo físico exacto.
Ese es el punto crucial que falta aquí. Tenemos correlación, pero no explicación. ¿Cómo exactamente la deformación de un centímetro dispara un evento sísmico? ¿Es el estrés acumulado que se libera, o hay algo más?
¿Y qué pasa con los polos magnéticos? El artículo menciona que también se mueven.
Los polos magnéticos se mueven mucho más que el eje de rotación, y esos movimientos son más complejos. Pero el estudio se enfoca en el eje de rotación, no en los polos magnéticos. Son fenómenos distintos.
Exacto. Y eso es importante aclarar porque el lector podría confundir los dos. El movimiento magnético es más rápido y menos predecible, pero no es lo que Lambert y Sottili estudiaron.
Le Pouls
- El Etna entró en erupción repetidamente en años recientes, pero su comportamiento esconde algo más profundo que la simple violencia volcánica: una sincronía con movimientos planetarios que los científicos apenas comienzan a descifrar.
- La Tierra se deforma hasta treinta centímetros al día por fuerzas de marea, y su eje de rotación traza una espiral con un ciclo de 6.4 años que genera deformaciones de hasta un centímetro cerca del paralelo 37, donde se asienta el Etna.
- Al analizar 227 meses de datos sísmicos y eruptivos, los investigadores Lambert y Sottili descubrieron que los picos de energía sísmica coincidían con los máximos del movimiento polar en 2002 y 2009, una correlación demasiado precisa para ser casual.
- La influencia del movimiento polar se concentra en un radio de veinte a treinta kilómetros alrededor del cráter, lo que sugiere que las deformaciones globales se traducen en tensiones muy localizadas capaces de modular erupciones.
- El descubrimiento abre una nueva frontera científica: comprender cómo fenómenos astronómicos de escala planetaria pueden actuar como interruptores silenciosos de la actividad volcánica en regiones concretas del mundo.
En el umbral de un nuevo año, científicos de Francia e Italia revelaron que el volcán Etna no obedece únicamente a las fuerzas del subsuelo, sino también a los ritmos más lentos y vastos del cosmos: el movimiento periódico del eje terrestre, modulado por la gravedad lunar y solar, se correlaciona con la actividad sísmica y eruptiva del volcán más activo de Italia. El hallazgo, publicado en Geophysical Research Letters, nos recuerda que la Tierra es un cuerpo vivo cuya geometría cambia sin cesar, y que incluso una deformación de un centímetro puede ser suficiente para despertar la furia de una montaña.
El Etna es uno de los volcanes más activos de Italia, con erupciones recurrentes que incluyen un evento notable en mayo de 2019. Sin embargo, lo que más intriga a los científicos no es su violencia, sino lo que su comportamiento revela sobre fuerzas que operan a escala planetaria. Investigadores de Francia e Italia han encontrado una correlación clara entre la actividad sísmica y volcánica del Etna y el movimiento periódico del eje de rotación terrestre.
La Tierra se deforma de manera constante e imperceptible. Las mareas generadas por la Luna y el Sol producen deformaciones de unos treinta centímetros diarios en la superficie, mientras que los cambios en la duración del día añaden apenas un milímetro. Pero existe un tercer factor: el eje de rotación terrestre no es fijo, sino que traza una espiral con un ciclo dominante de 6.4 años. En el paralelo 45 la deformación resultante alcanza un centímetro; en el paralelo 37, donde se ubica el Etna, los valores son cercanos a ese máximo.
Sebastien Lambert, de la Universidad de París, y Gianluca Sottili, de la Universidad de Sapienza de Roma, eligieron el Etna precisamente por la abundancia de datos disponibles y por su posición geográfica. Analizaron 227 meses de registros sísmicos y eruptivos y los compararon con mediciones del movimiento del polo. Los resultados fueron contundentes: los picos de energía sísmica coincidían con los máximos del movimiento polar en 2002 y 2009, y el pico de 2015 era menos pronunciado, reflejando la disminución reciente de la amplitud polar.
La correlación resultó más intensa en las zonas ubicadas a menos de veinte kilómetros del cráter, y se extendía también a los eventos eruptivos. El estudio, publicado en Geophysical Research Letters, sugiere que deformaciones aparentemente insignificantes pueden modular procesos geológicos de gran magnitud. Los autores señalan que la próxima frontera consistirá en entender cómo estos movimientos globales se traducen en tensiones locales capaces de despertar o silenciar un volcán.
El volcán Etna, uno de los más activos de Italia, ha entrado en erupción repetidamente en los últimos años, incluyendo un evento notable a finales de mayo de 2019. Pero lo que hace que este volcán sea particularmente interesante para los científicos no es solo su violencia, sino lo que su comportamiento revela sobre fuerzas que operan a escala planetaria. Investigadores de Francia e Italia han descubierto que la actividad sísmica y volcánica del Etna se correlaciona de manera clara con el movimiento periódico de los polos terrestres, un hallazgo que sugiere que incluso los cambios más sutiles en la geometría de nuestro planeta pueden influir en procesos geológicos dramáticos.
La Tierra se deforma constantemente, aunque de formas que casi nunca notamos. Las fuerzas de marea generadas por la atracción gravitacional de la Luna y el Sol producen deformaciones de aproximadamente treinta centímetros diarios en la superficie terrestre. Los cambios periódicos en la duración del día también contribuyen a estas deformaciones, aunque en una escala mucho más pequeña, alrededor de un milímetro. Pero existe otro factor de deformación significativo que los científicos han comenzado a estudiar con mayor atención: el movimiento del eje de rotación terrestre. Este eje no permanece fijo, sino que cambia periódicamente, girando esencialmente en espiral. El movimiento tiene un período de aproximadamente un año, pero también exhibe un ciclo más largo de 6.4 años, durante el cual la amplitud del movimiento alcanza su máximo.
La magnitud de esta deformación varía según la latitud. En el paralelo 45, donde la deformación es máxima, alcanza aproximadamente un centímetro. Aunque esto pueda parecer insignificante, estudios recientes demuestran que estas deformaciones afectan los procesos sísmicos. Sebastien Lambert de la Universidad de París y Gianluca Sottili de la Universidad de Sapienza de Roma decidieron investigar si estos movimientos polares también influyen en la actividad volcánica. Eligieron el Etna como objeto de estudio porque existe una cantidad abundante de datos disponibles sobre su comportamiento, y porque está ubicado en el paralelo 37, donde la deformación causada por el movimiento de los polos es cercana a su máximo.
Los investigadores recopilaron datos que abarcaban 227 meses, casi diecinueve años. Utilizaron mediciones de la posición del eje de rotación terrestre, registros de terremotos a una distancia de cuarenta y tres kilómetros del pico del Etna, y datos sobre erupciones volcánicas. Cuando compararon los gráficos de energía sísmica con el radio del movimiento del polo, encontraron que ambas cantidades cambiaban de manera similar. Los valores máximos coincidían en 2002 y 2009. En 2015, el pico era menos pronunciado, reflejando el hecho de que la amplitud del movimiento polar había estado disminuyendo en los años recientes.
Los datos revelaron patrones geográficos específicos. Las áreas ubicadas a no más de treinta kilómetros del cráter del volcán, y especialmente las zonas dentro de veinte kilómetros, mostraban la influencia más clara del movimiento de los polos. La correlación se extendía también a las erupciones volcánicas, sugiriendo que el movimiento polar no solo afecta la actividad sísmica sino también los eventos eruptivos. Este descubrimiento, publicado en Geophysical Research Letters, abre nuevas preguntas sobre cómo fenómenos astronómicos que operan a escala planetaria pueden modular la actividad volcánica en regiones específicas.
Es importante notar que existe otro tipo de movimiento polar que también merece atención: el movimiento de los polos magnéticos terrestres. Este movimiento es más significativo que el del eje de rotación, y a lo largo de la historia geológica, los polos magnéticos incluso han invertido su posición. En tiempos recientes, se ha registrado un cambio rápido en la posición de estos polos, aunque los geólogos aún no pueden explicar con certeza las causas de este fenómeno. El trabajo de Lambert y Sottili sugiere que la próxima frontera en la comprensión de la actividad volcánica podría residir en entender cómo estos movimientos globales se traducen en deformaciones locales que disparan o modulan procesos geológicos.
Citations marquantes
La actividad sísmica y volcánica del monte Etna se correlaciona con el movimiento periódico de los polos de la Tierra, lo que conduce a pequeñas deformaciones de la superficie terrestre— Sebastien Lambert y Gianluca Sottili, investigadores del estudio publicado en Geophysical Research Letters