En los túneles del CERN, donde la tecnología humana roza los límites de lo concebible, investigadores de la Universidad de Copenhague han logrado reproducir la materia más antigua del universo: el plasma de quarks y gluones que existió apenas una millonésima de segundo tras el Big Bang. Lo extraordinario no es solo el logro en sí, sino que lo consiguieron con núcleos atómicos mucho más pequeños de lo que la ciencia consideraba posible, desplazando así las fronteras de lo alcanzable. Este hallazgo nos acerca, con humildad y asombro, a la pregunta más antigua de todas: cómo nació la materia que