A miles de kilómetros de distancia, en laboratorios de Hong Kong, investigadores han comenzado a imaginar cómo la vida misma podría convertirse en herramienta de construcción en otro mundo. Usando levadura modificada genéticamente y gelatina, proponen que las futuras colonias en Marte no dependan de materiales traídos desde la Tierra, sino que crezcan desde el suelo marciano hacia arriba, guiadas por organismos vivos diseñados para ese propósito. Es una idea que borra la frontera entre biología e ingeniería, y que plantea una pregunta más profunda: ¿puede la vida ser la arquitectura del futuro