En los bosques inundados del occidente amazónico, donde la ciencia apenas alcanza a seguir el ritmo de la vida, un equipo internacional confirmó la existencia de Adenomera varcena, una rana que habitaba el Alto Juruá sin nombre ni protección formal. Su descubrimiento, apoyado en genética, acústica y morfología, no es solo un logro taxonómico: es un recordatorio de que la Amazonia guarda más secretos de los que la humanidad puede documentar antes de perderlos.