Bajo la superficie de jardines, céspedes y campos suizos, miles de calzoncillos de algodón cumplieron una misión científica insólita: revelar la salud invisible del suelo a través de su propia descomposición. La Universidad de Zúrich y el instituto Agroscope convirtieron una prenda cotidiana en un indicador de fertilidad, atrayendo a más de mil ciudadanos hacia una pregunta que rara vez nos hacemos: ¿qué vive bajo nuestros pies? Detrás de la estrategia lúdica late una advertencia urgente sobre un recurso que el mundo pierde a un ritmo que no admite demora.