Científicos desmienten que las ratas causaron la peste de Mallorca de 1820

La epidemia de 1820 en Mallorca causó una mortalidad del 78% entre infectados, con Son Servera perdiendo la mitad de su población en seis meses.
La enfermedad saltaba de cuerpo a cuerpo sin necesidad de roedores
Los investigadores descubrieron que la transmisión fue directa entre humanos, no a través de ratas como se creía.
Mark

¿Por qué tardó dos siglos en descubrirse que las ratas no fueron las culpables?

Mimi

Porque la narrativa era demasiado conveniente. Las ratas explicaban todo de forma simple. Pero los registros diarios estaban ahí, esperando a que alguien aplicara las matemáticas correctas.

Mark

¿Qué diferencia hay entre una peste bubónica clásica y lo que realmente pasó en Mallorca?

Mimi

En la bubónica, las pulgas infectadas pican a las personas. En Mallorca, fueron los pulmones. Una persona tosía, otra respiraba esas gotitas, y la enfermedad saltaba de cuerpo a cuerpo sin necesidad de roedores.

Mark

¿Cómo es posible que un cordón sanitario del siglo XIX funcionara tan bien?

Mimi

Porque aunque no sabían la biología exacta, entendieron intuitivamente que había que aislar a los enfermos de los sanos. Tres niveles de barreras. Fue casi perfecto.

Mark

¿Qué nos dice esto sobre cómo debemos prepararnos para futuras pandemias?

Mimi

Que el aislamiento funciona. Que los datos importan. Y que a veces las respuestas más antiguas siguen siendo las más efectivas.

Mark

¿Por qué Son Servera perdió la mitad de su población en seis meses?

Mimi

Porque fue el primer lugar donde llegó la enfermedad. No había defensa. Cada persona infectada contagiaba a otras. El 78 por ciento de los infectados murió. La velocidad fue brutal.

  • Estudio publicado en PNAS por Joana Maria Pujadas y Pere Puig en agosto de 2026
  • Mortalidad del 78% entre infectados; Son Servera perdió la mitad de su población en seis meses
  • En Son Servera, cada persona infectada generó 1,3 infecciones secundarias en promedio
  • Cordones sanitarios de tres niveles implementados entre el 27 de mayo y el 22 de junio de 1820

Estudio en PNAS sugiere formas neumónica y septicémica fueron responsables de la alta mortalidad, con tasas de contagio de 1,3 infecciones secundarias por persona en Son Servera. Los registros diarios de contagios permitieron aplicar modelos matemáticos SIR y KFR para analizar el comportamiento epidemiológico de la enfermedad del siglo XIX.

Investigadores utilizan modelos matemáticos para demostrar que la peste de 1820 en Mallorca se propagó principalmente por contagio directo entre humanos, no por ratas, desafiando la narrativa histórica tradicional.

En 1820, la peste llegó a Mallorca y mató con una ferocidad que los historiadores llevaban dos siglos atribuyendo a las ratas. Ahora, dos investigadores han desarmado esa narrativa usando herramientas que no existían en el siglo XIX: modelos matemáticos aplicados a registros diarios de contagios, muertes y recuperaciones. Lo que descubrieron cambió el relato. No fueron las pulgas de los roedores las que propagaron la enfermedad por la isla. Fueron los pulmones de las personas infectadas.

Joana Maria Pujadas, demógrafa mallorquina, y Pere Puig, matemático catalán, publicaron sus hallazgos esta semana en PNAS, una de las revistas científicas más prestigiosas del mundo. Su conclusión es clara: la epidemia de 1820 no fue un brote clásico de peste bubónica, sino que las formas neumónica y septicémica —ambas transmitidas directamente de humano a humano— contribuyeron sustancialmente a su propagación. La peste neumónica secundaria surge cuando las bacterias alcanzan los pulmones. Entonces el enfermo se vuelve altamente contagioso: puede transmitir la enfermedad a través de gotitas al respirar o al toser, exactamente como vimos con la COVID-19. La forma septicémica, por su parte, ocurre cuando las bacterias se propagan por el torrente sanguíneo y se contagia por contacto directo con fluidos corporales o manipulación de cadáveres.

Los números revelan la velocidad del contagio. En Son Servera, la población más golpeada de la isla, cada persona infectada generó en promedio 1,3 infecciones secundarias. En Capdepera fue una infección secundaria por persona. El 78 por ciento de los infectados murió. En poco más de seis meses, Son Servera perdió la mitad de sus vecinos. Esos registros diarios —documentos meticulosos de la Real Academia de Medicina que anotaban cada contagio, cada recaída, cada muerte— permitieron a Pujadas y Puig aplicar modelos matemáticos clásicos, los mismos SIR y KFR que hoy se usan para analizar pandemias actuales, pero adaptados para datos del siglo XIX.

Durante años prevaleció la leyenda del pastor y la creencia de que las ratas llegaron en un barco contrabandista y provocaron un brote clásico de peste bubónica. Los historiadores sí atribuyeron al contrabando el origen de la embarcación: los mallorquines que descargaron y transportaron la carga habrían llevado consigo la enfermedad a sus pueblos. Pero lo que nadie había analizado con precisión era el comportamiento epidemiológico real de la enfermedad, cómo se propagó exactamente y a qué ritmo. "Más allá de la leyenda, este nuevo abordaje nos indica que fue un brote bastante excepcional", explica Pujadas.

Lo excepcional no fue solo la biología de la enfermedad, sino también la respuesta. Las autoridades de 1820 implementaron un sistema de contención que, visto desde hoy, parece casi presciente. Se establecieron tres niveles de cordones sanitarios. Artà, Son Servera y Capdepera fueron acordonadas a partir del 27 de mayo; el 30 de mayo se incluyó también Manacor. Esos cordones se integraban en una barrera más amplia que separaba las localidades infectadas de las no infectadas. Y un tercer cordón costero, vigente desde el 28 de mayo, aisló a toda la isla por completo. A partir del 22 de junio se establecieron campamentos separados para infectados y personas sanas.

Ahora que los investigadores saben que no fue un brote clásico de peste bubónica sino que las formas neumónica y septicémica contribuyeron a su propagación, la importancia de aquellas medidas brota con claridad nueva. La enfermedad podría haberse extendido fácilmente al resto de la isla. El cordón sanitario funcionó porque fue pensado, aunque sin saberlo, para contener exactamente lo que estaba ocurriendo: transmisión humana directa. El mejor conocimiento de las epidemias pasadas es clave para reaccionar a las pandemias futuras. Mallorca en 1820 ofrece una lección que atraviesa dos siglos: a veces, las medidas más efectivas son las más simples, y a veces, la verdad de lo que pasó requiere esperar a que la ciencia tenga las herramientas para verla.

Más allá de la leyenda, este nuevo abordaje nos indica que fue un brote bastante excepcional
— Joana Maria Pujadas, demógrafa
Lo que hemos hecho es adaptar especialmente para nuestros casos los modelos clásicos SIR y KFR a partir de los datos recogidos en los estadillos de la Real Academia de Medicina
— Pere Puig, matemático
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