Cada septiembre, México contiene el aliento ante el recuerdo de tres terremotos devastadores que coincidieron en la misma fecha durante décadas distintas. Científicos de la UNAM han salido al paso de una creencia arraigada en la memoria colectiva: no existe ningún patrón sísmico que haga a septiembre más peligroso que cualquier otro mes. Lo que la geología ofrece es indiferencia al calendario; lo que la mente humana ofrece, en cambio, es una poderosa tendencia a encontrar orden donde solo existe la azar. La verdadera lección no es temer a un mes, sino cultivar la preparación como hábito perman