En las áridas montañas Zagros de Irán, una víbora ha perfeccionado durante milenios un engaño que borra la frontera entre depredador y señuelo: su cola, compuesta enteramente de escamas modificadas sin hueso alguno, imita con precisión hipnótica el movimiento de una araña para atraer aves a su perdición. Investigadores del Field Museum de Chicago y la Academia Polaca de Ciencias, valiéndose de tomografía computarizada, han revelado por primera vez la arquitectura interna de esta estructura, recordándonos que la naturaleza guarda secretos que ni los fósiles ni la mirada superficial logran desci