El retroceso del hielo marino libera compuestos de yodo y azufre que se transforman en partículas microscópicas capaces de formar nubes, con concentraciones que aumentaron 50 veces en un solo día. Las nubes resultantes pueden reflejar radiación solar o retener calor, alterando el balance energético del planeta mientras el Ártico se calienta tres veces más rápido que el promedio mundial.