Científicos descubren depredador marino en fosa de Atacama a 8.000 metros de profundidad

Un cazador activo en un entorno donde los recursos casi no existen
Dulcibella camanchaca desafía lo que sabíamos sobre la supervivencia en las profundidades oceánicas extremas.

En las profundidades más inhóspitas del océano Pacífico, donde la presión supera las mil atmósferas y la oscuridad es total, la vida ha encontrado una vez más la manera de sorprendernos. Investigadores del Instituto Oceanográfico Woods Hole y de la Universidad de Concepción descubrieron a 7.902 metros de profundidad en la fosa de Atacama una nueva especie de crustáceo depredador, bautizada Dulcibella camanchaca, que caza presas vivas en un entorno donde la ciencia asumía que solo sobrevivían los carroñeros pacientes. Este hallazgo, publicado en Systematics and Biodiversity, nos recuerda que los ecosistemas más extremos del planeta guardan aún secretos capaces de reescribir nuestra comprensión de la vida misma.

  • A casi ocho kilómetros bajo el mar, un pequeño crustáceo rompe el paradigma: en lugar de esperar que la comida caiga desde arriba, caza activamente en la oscuridad absoluta.
  • Dulcibella camanchaca es el primer anfípodo depredador de gran tamaño jamás documentado en profundidades hadales, lo que sacude décadas de suposiciones sobre la pasividad de la vida abisal.
  • Sus mandíbulas especializadas, apéndices robustos y membranas celulares reforzadas revelan una ingeniería evolutiva extraordinaria diseñada para sobrevivir bajo presiones que aplastarían a casi cualquier otro ser vivo.
  • El descubrimiento obliga a replantear las redes tróficas de los ecosistemas hadales y abre preguntas urgentes sobre cuánta biodiversidad activa existe aún sin catalogar en el fondo del océano.
  • Con la amenaza creciente de la actividad humana en los fondos marinos, comprender estos ecosistemas antes de alterarlos se convierte en una carrera contra el tiempo.

A casi ocho kilómetros bajo la superficie del Pacífico, en la fosa de Atacama, investigadores del Instituto Oceanográfico Woods Hole y del Instituto Milenio de Oceanografía de la Universidad de Concepción hallaron algo que nadie esperaba: un depredador activo en uno de los entornos más hostiles del planeta. La especie, nombrada Dulcibella camanchaca, fue identificada a 7.902 metros de profundidad durante la expedición IDOOS 2023 y representa el primer anfípodo depredador de tamaño considerable jamás documentado en zonas hadales.

Lo que distingue a este crustáceo no es solo su existencia, sino su comportamiento. Mientras la mayoría de los organismos en esas profundidades han evolucionado como carroñeros que aguardan los restos que descienden desde las capas superiores, Dulcibella camanchaca persigue y captura presas vivas. Sus mandíbulas adaptadas para la depredación, sus apéndices robustos y su probable pigmentación translúcida lo convierten en un cazador silencioso en la oscuridad total.

A nivel celular, el animal exhibe adaptaciones extraordinarias: membranas reforzadas y proteínas modificadas que permiten el funcionamiento de sus órganos bajo presiones superiores a las mil atmósferas. Estas estructuras revelan cómo la evolución puede esculpir soluciones vitales en condiciones que parecerían incompatibles con la vida.

El hallazgo, publicado en la revista Systematics and Biodiversity, redefine las redes tróficas hadales y desafía la imagen de un fondo oceánico pasivo y uniforme. Plantea además preguntas urgentes: ¿cuán diversa es realmente la vida abisal?, ¿cuántos depredadores activos aguardan aún sin ser descubiertos?, y ¿qué consecuencias tendría la intervención humana sobre ecosistemas que apenas comenzamos a comprender?

A casi ocho kilómetros bajo la superficie del océano Pacífico, en la fosa de Atacama, existe un mundo que apenas comenzamos a entender. En las aguas más profundas y hostiles del planeta, donde la presión aplasta y la oscuridad es absoluta, investigadores del Instituto Oceanográfico Woods Hole y del Instituto Milenio de Oceanografía de la Universidad de Concepción encontraron algo inesperado: un depredador activo, un pequeño crustáceo que caza presas vivas en un entorno donde la mayoría de la vida sobrevive comiendo restos que caen desde arriba.

El descubrimiento ocurrió a 7.902 metros de profundidad durante la expedición IDOOS 2023, a bordo del buque R/V Abate Molina. Los científicos identificaron la especie como Dulcibella camanchaca, un anfípodo que desafía lo que creíamos saber sobre cómo funciona la vida en las zonas hadales, esas regiones abisales donde la presión supera las mil atmósferas y la temperatura ronda los grados bajo cero. El hallazgo, publicado en la revista Systematics and Biodiversity, representa el primer anfípodo depredador activo de tamaño considerable jamás documentado en estas profundidades extremas.

Lo que hace notable a Dulcibella camanchaca no es solo su existencia, sino su estrategia de supervivencia. A diferencia de otros anfípodos hadales que se alimentan de detritos, este crustáceo persigue y captura presas vivas, una conducta poco común en un entorno donde los recursos son tan escasos que la mayoría de los organismos han evolucionado para ser carroñeros oportunistas. Su tamaño relativamente grande, comparado con otros anfípodos de las profundidades, le permite acumular la energía suficiente para mantener este comportamiento depredador activo. Posee mandíbulas adaptadas para la depredación, apéndices robustos para capturar presas, y probablemente una pigmentación pálida o translúcida que lo ayuda a moverse sin ser detectado en la oscuridad total.

Las adaptaciones físicas de este animal revelan cómo la vida encuentra formas de prosperar incluso en condiciones que parecerían imposibles. Sus estructuras celulares están especializadas para soportar la presión extrema: membranas celulares reforzadas y proteínas modificadas que permiten que sus órganos funcionen bajo un peso que aplastaría la mayoría de los organismos conocidos. Explora activamente su entorno en busca de alimento, aprovechando las ocasionales acumulaciones de materia orgánica que descienden desde las capas superiores del océano, y regula la cadena trófica en un ecosistema donde cada depredador juega un papel crucial en el equilibrio ecológico.

Este hallazgo redefine nuestra comprensión de las redes tróficas en los ecosistemas hadales. Durante décadas, los científicos asumieron que la vida en las profundidades extremas era principalmente pasiva, que los organismos esperaban a que la comida llegara a ellos. Dulcibella camanchaca sugiere una realidad más compleja: incluso en condiciones de escasez extrema y competencia feroz, algunas especies han evolucionado para ser cazadores activos. El descubrimiento plantea nuevas preguntas sobre cómo los organismos logran estas adaptaciones evolutivas, qué tan diversa es realmente la vida en las zonas abisales, y cómo el impacto humano en el fondo del océano podría afectar ecosistemas que apenas estamos comenzando a comprender.

Es un depredador activo que persigue y captura presas vivas, algo poco común en las profundidades donde los recursos son limitados
— Hallazgo de investigadores del Instituto Oceanográfico Woods Hole e Instituto Milenio de Oceanografía
A Conversa do Hearth Outra perspectiva sobre a história
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¿Por qué es tan sorprendente encontrar un depredador activo a esa profundidad?

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Porque durante años asumimos que la vida en las profundidades extremas era principalmente pasiva. Los organismos hadales evolucionaron para esperar a que la comida llegara, no para perseguirla. Un cazador activo requiere energía constante, y en un entorno donde los recursos son tan limitados, eso parecía imposible.

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¿Qué lo hace diferente de otros anfípodos que viven a esa profundidad?

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Su tamaño es uno de los factores. Es relativamente grande comparado con otros anfípodos hadales, lo que le permite acumular suficiente energía para mantener un comportamiento depredador. Además, tiene mandíbulas y apéndices especializados para capturar presas vivas, no solo para raspar restos.

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¿Cómo logra sobrevivir bajo esa presión extrema?

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Sus células están diseñadas de manera diferente. Tiene membranas reforzadas y proteínas adaptadas que funcionan bajo presiones que aplastarían a la mayoría de los organismos. Es como si su biología entera estuviera calibrada para ese ambiente específico.

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¿Qué significa esto para nuestra comprensión de la vida marina?

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Significa que hemos subestimado la complejidad de los ecosistemas abisales. Si hay depredadores activos en las profundidades, entonces las cadenas tróficas son más dinámicas de lo que pensábamos. Hay más vida, más interacción, más estrategias de supervivencia de las que teníamos registro.

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¿Hay riesgo de que el cambio climático o la actividad humana afecten a estos organismos?

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Es una pregunta que los científicos están comenzando a hacer. Estos ecosistemas son tan remotos y frágiles que cualquier cambio podría tener consecuencias impredecibles. Apenas estamos aprendiendo cómo funcionan, así que protegerlos requiere actuar con precaución.

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