Bajo las aguas del Caribe colombiano, frente a las costas de Providencia y Cartagena, un equipo de científicos liderado por Mónica Medina extrae núcleos de coral como quien abre un libro antiguo: cada banda de carbonato revela décadas de historia ambiental con una precisión que los registros humanos rara vez alcanzan. En un momento en que el 84,4% de los arrecifes del mundo ha sufrido estrés térmico severo entre 2023 y 2025, esta investigación no busca solo documentar la pérdida, sino encontrar en el pasado microbiano del coral las claves para su supervivencia futura. Es la ciencia volviéndose
Científicos buscan en esqueletos de coral las claves para salvar los arrecifes del Caribe
El Espectador se sumergió en el agua junto con científicos que buscan reconstru…
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Las “bibliotecas” del pasado que buscan los científicos bajo el mar Caribe colombiano.
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El Espectador se sumergió en el agua junto con científicos que buscan reconstruir el pasado del mar Caribe.
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- El blanqueamiento masivo de corales ha alcanzado proporciones históricas, y la fatiga científica ante tanto desastre impulsa a investigadores como Medina a buscar enfoques radicalmente distintos.
- Los núcleos extraídos de corales vivos actúan como archivos biológicos: sus capas concéntricas registran cambios ambientales con una resolución de días o semanas, algo que ningún instrumento moderno puede igualar hacia el pasado.
- El equipo aplica técnicas de ADN ancestral —usadas antes en paleontología humana— para reconstruir cómo el microbioma coralino respondió a perturbaciones climáticas anteriores, trazando un mapa de resiliencia.
- Con un financiamiento de USD 1,8 millones de la NSF, el proyecto apunta a identificar microorganismos beneficiosos que podrían funcionar como 'probióticos' para restaurar arrecifes dañados por el calentamiento del océano.
- La investigación se encuentra en fase activa de recolección y análisis, y sus resultados podrían redefinir las estrategias globales de restauración coralina en un planeta que se calienta sin pausa.
Bajo las aguas del Caribe colombiano, frente a las costas de Providencia y Cartagena, un equipo de científicos liderado por Mónica Medina extrae núcleos de coral como quien abre un libro antiguo: cada banda de carbonato revela décadas de historia ambiental con una precisión que los registros humanos rara vez alcanzan. En un momento en que el 84,4% de los arrecifes del mundo ha sufrido estrés térmico severo entre 2023 y 2025, esta investigación no busca solo documentar la pérdida, sino encontrar en el pasado microbiano del coral las claves para su supervivencia futura. Es la ciencia volviéndose arqueóloga del mar, convencida de que el remedio podría estar escrito en el ADN de lo que ya existió.
Mónica Medina lleva años escuchando malas noticias sobre los corales. El blanqueamiento, los informes de mortandad masiva, las proyecciones cada vez más sombrías: todo eso pesa. Pero en lugar de rendirse ante la narrativa del colapso, ella y su equipo decidieron mirar hacia atrás, hacia el pasado guardado dentro de los propios corales, para encontrar respuestas que el presente aún no puede ofrecer.
En las aguas del Caribe colombiano, frente a Providencia y Cartagena, los investigadores extraen núcleos de coral con la delicadeza de quien manipula un manuscrito medieval. Esos cilindros de carbonato de calcio son, en esencia, bibliotecas: sus bandas de crecimiento registran con precisión de días o semanas las condiciones ambientales que el coral vivió, desde variaciones de temperatura hasta episodios de contaminación o tormentas. Es una memoria biológica que ningún satélite ni sensor moderno puede reconstruir hacia atrás.
Lo que hace singular a este proyecto es la herramienta que emplea: técnicas de ADN ancestral, las mismas que permitieron a la paleontología reconstruir genomas de neandertales o mamuts, ahora aplicadas a los microorganismos atrapados en esas capas de coral. El objetivo es entender cómo el microbioma coralino —esa comunidad invisible de bacterias y hongos que sostiene la salud del arrecife— evolucionó y respondió a perturbaciones climáticas del pasado.
El proyecto, financiado con USD 1,8 millones por la Fundación Nacional de Ciencias de Estados Unidos, tiene una ambición concreta: identificar los microorganismos que ayudaron a los corales a sobrevivir episodios de estrés anteriores y convertirlos en una especie de probiótico marino, capaz de restaurar arrecifes que hoy están muriendo. En un mundo donde el 84,4% de los arrecifes sufrió estrés térmico severo entre 2023 y 2025, esa posibilidad no es un lujo científico: es una urgencia.
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Mónica Medina sabe de sobra que las noticias sobre corales son devastadoras. Ya está agotada de escucharlas, como muchos de sus colegas. Dice que también está cansada de estudiar el blanqueamiento de los corales y de leer informes estremec…
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