Científicos argentinos descubren nueva especie de erizo de mar en el cañón submarino Mar del Plata

No se puede conservar lo que no se conoce
Flores subraya por qué el descubrimiento de nuevas especies en el mar profundo es crucial para la protección ambiental.
Mark

¿Por qué es importante descubrir una especie nueva de erizo de mar en el fondo del océano? Parece un hallazgo muy específico.

Mimi

Porque cada especie nueva nos dice algo sobre cómo la vida se adapta a condiciones extremas. Este erizo desarrolló cuidado parental, algo raro en su grupo, y sus espinas funcionan como hogar para otros animales. Son soluciones biológicas que no conocíamos.

Luke

Pero espera, ¿cuántos ejemplares encontraron realmente? El artículo dice que recolectaban muestras durante más de una década, pero no especifica si fue uno o cientos.

Mimi

Es una buena pregunta. Lo que sabemos es que fueron suficientes para hacer análisis morfológicos y genéticos comparativos, pero tienes razón en que el número exacto no aparece en el reporte.

Mark

¿Y qué significa que la familia Ctenocidaridae sea "más compleja" de lo esperado? ¿Eso cambia cómo entendemos estos erizos?

Mimi

Significa que los científicos tendrán que repensar cómo están relacionadas todas las especies de esa familia. Las relaciones filogenéticas que creían que eran claras resultaron ser mucho más enredadas.

Luke

Pero eso es especulación sobre lo que vendrá. Lo concreto es que publicaron en una revista seria y que el cañón Mar del Plata ya ha producido decenas de descubrimientos desde 2012.

Mark

¿Qué tan amenazado está realmente este ecosistema? El artículo menciona actividad humana y cambio climático, pero no da detalles.

Mimi

Eso es lo que Flores quiso señalar: que no sabemos lo suficiente sobre el mar profundo para saber exactamente qué lo amenaza. Por eso insiste en que hay que proteger lo que aún no comprendemos completamente.

Luke

Correcto. Lo que está documentado es que hay presión de actividad humana y cambio climático. Lo que no está documentado en este artículo es cuál es el impacto específico en este cañón.

Mark

Entonces el descubrimiento es real, pero la urgencia de protegerlo se basa en principios generales.

Mimi

Exactamente. Y eso no lo hace menos válido. Es un argumento científico sólido: si no conocemos la biodiversidad, no podemos saber qué estamos perdiendo.

  • Una especie completamente desconocida para la ciencia vivía en silencio a casi dos kilómetros de profundidad, esperando más de una década de expediciones para ser encontrada.
  • El hallazgo desafía lo que se creía saber sobre la familia de erizos Ctenocidaridae, cuyas relaciones evolutivas resultan ser mucho más complejas de lo que los libros indicaban.
  • La criatura practica un cuidado parental extraordinario para su entorno: las hembras protegen sus embriones junto a la boca hasta que los juveniles pueden valerse solos, una apuesta energética enorme en un mundo de recursos escasos.
  • El cañón Mar del Plata, corredor biológico de 250 kilómetros, acumula decenas de especies nuevas descubiertas desde 2012, pero permanece vulnerable ante la actividad humana y el cambio climático.
  • Los científicos advierten que sin exploración sistemática y protección legal, ecosistemas como este podrían desaparecer antes de ser comprendidos.

En las profundidades oscuras del cañón submarino Mar del Plata, a más de mil metros bajo el Atlántico Sur, investigadores argentinos del CONICET han dado nombre a una vida que existía sin ser vista: Bathycidaris argentina, un erizo de mar violeta del tamaño de una moneda. Su descubrimiento, publicado en una de las revistas zoológicas más prestigiosas del mundo, no es solo un acto de clasificación científica, sino un recordatorio de que el océano profundo sigue siendo uno de los grandes territorios desconocidos de la humanidad. En un tiempo en que los ecosistemas marinos enfrentan presiones crecientes, conocer lo que existe es el primer paso para decidir si vale la pena protegerlo.

A mil metros bajo el Atlántico Sur, en las aguas negras del cañón submarino Mar del Plata, un equipo del CONICET sacó a la luz una criatura que ningún ser humano había visto antes. Bathycidaris argentina es un erizo de mar violeta del tamaño de una moneda pequeña, hallado entre los 1100 y 1950 metros de profundidad. Su nombre lleva el griego bathys —profundo— y el latín cidaris, más el epíteto argentina en honor al país donde fue recolectado. La descripción formal apareció en The Zoological Journal of the Linnean Society.

Lo que hace notable a esta especie no es solo su existencia, sino cómo sobrevive. A diferencia de erizos que liberan larvas al océano, las hembras de Bathycidaris argentina retienen sus embriones alrededor de la boca, protegiéndolos con las espinas hasta que se convierten en juveniles independientes. Esas mismas espinas sirven de sustrato para pepinos de mar, gusanos poliquetos y colonias de hidrozoos, que encuentran en ellas un punto de apoyo firme en un fondo dominado por el fango.

El descubrimiento fue posible gracias a más de una década de expediciones a bordo del buque Puerto Deseado. Los investigadores lanzaban artes de pesca a profundidades superiores a los mil metros y esperaban horas sin saber qué traerían. El trabajo posterior combinó morfología tradicional con genética molecular, y reveló algo inesperado: la familia Ctenocidaridae es mucho más diversa y compleja de lo que se creía, con relaciones evolutivas que exigen una revisión profunda.

El cañón Mar del Plata, que se extiende 250 kilómetros mar adentro y desciende hasta casi 4000 metros, es un corredor biológico de alta biodiversidad. Desde 2012, las campañas científicas han revelado decenas de especies nuevas. Pero el equipo advierte que estos ecosistemas están amenazados por la actividad humana y el cambio climático. "No se puede conservar lo que no se conoce", señaló el investigador Jonathan Flores. Bathycidaris argentina es, en ese sentido, mucho más que un nombre nuevo en la zoología: es una señal de cuánto queda por explorar y de cuán urgente es protegerlo.

A mil metros bajo la superficie del Atlántico Sur, en las aguas negras del cañón submarino Mar del Plata, un equipo de científicos argentinos sacó a la luz una criatura que ningún ser humano había visto antes. Se trata de Bathycidaris argentina, un erizo de mar violeta del tamaño de una moneda pequeña, hallado entre los 1100 y 1950 metros de profundidad en uno de los ecosistemas menos conocidos del planeta. El descubrimiento no es solo un nombre nuevo en los libros de zoología: es una ventana abierta a cómo la vida se organiza en las condiciones más extremas que existen en nuestros océanos.

El hallazgo fue resultado del trabajo conjunto de Jonathan Flores, becario postdoctoral del Instituto de Biología de Organismos Marinos (IBIOMAR-CONICET), junto a Martín Brogger y Mariano Martinez del Museo Argentino de Ciencias Naturales "Bernardino Rivadavia". El animal mide apenas dos centímetros de ancho y uno de alto, sin contar sus espinas. Su nombre científico cuenta una historia: Bathycidaris proviene del griego bathys, que significa profundo, y cidaris, término latino usado históricamente para este grupo de erizos. El epíteto argentina fue elegido en honor al país donde se recolectaron los ejemplares. La descripción formal del descubrimiento fue publicada en The Zoological Journal of the Linnean Society, una de las revistas más prestigiosas en zoología.

Lo que hace verdaderamente notable a esta especie es cómo sobrevive en un entorno hostil. A diferencia de muchos erizos que dispersan sus larvas al océano, Bathycidaris argentina practica el cuidado parental: las hembras retienen sus embriones alrededor de la boca, protegiéndolos con sus espinas hasta que se desarrollan como juveniles independientes. Esta estrategia demanda una cantidad considerable de energía, pero aumenta dramáticamente las posibilidades de que las crías lleguen a la edad adulta. Además, sus espinas primarias funcionan como estructuras de anclaje para otros animales marinos: pepinos de mar, gusanos poliquetos y colonias de hidrozoos encuentran en ellas un sustrato firme en un ambiente dominado por el fango, donde los puntos de apoyo son escasos.

Este descubrimiento fue posible gracias a más de una década de expediciones oceanográficas realizadas a bordo del buque Puerto Deseado del CONICET. Los investigadores lanzaban artes de pesca a profundidades superiores a los mil metros y esperaban horas a que regresaran a cubierta, sin saber qué traerían: a veces llegaban llenas de vida, otras veces vacías. El trabajo posterior fue igualmente minucioso. El equipo combinó análisis morfológicos tradicionales con técnicas modernas de genética molecular para comparar cada ejemplar recolectado con todas las especies conocidas de erizos. Flores describió la sensación de enfrentarse a algo que podría ser completamente nuevo como "realmente maravillosa".

El cañón Mar del Plata, que se extiende unos 250 kilómetros mar adentro y desciende hasta casi 4000 metros de profundidad, es un corredor biológico de importancia crucial. Su topografía compleja y las interacciones de las corrientes marinas lo convierten en una zona de alta biodiversidad. Desde 2012, las campañas científicas han revelado decenas de especies nuevas de corales, crustáceos, caracoles y estrellas de mar. Bathycidaris argentina comparte parentesco con erizos de regiones subantárticas y antárticas, pero mantiene características únicas desarrolladas tras quedar aislada en el cañón durante miles de años.

El análisis genético reveló algo inesperado: la familia Ctenocidaridae, a la que pertenece este erizo, es mucho más compleja y diversa de lo que los científicos creían. Varias especies no se agrupan como se esperaba, lo que sugiere que las relaciones filogenéticas dentro de esta familia requieren una revisión profunda. Flores enfatizó que todavía se sabe muy poco sobre la biodiversidad del mar profundo en esta región, y que cada campaña oceanográfica aporta registros nuevos y especies nunca antes descritas.

Pero el descubrimiento también trae consigo una advertencia. El equipo insiste en la necesidad urgente de proteger estos ecosistemas frente a la presión de la actividad humana y el cambio climático. "No se puede conservar lo que no se conoce", señaló Flores. En las profundidades del Atlántico Sur, cada especie nueva es una pieza clave para comprender y preservar uno de los ambientes más misteriosos y valiosos del planeta. Bathycidaris argentina no es solo una curiosidad científica: es un recordatorio de cuánto falta por explorar y de cuán frágil es el equilibrio de la vida en las aguas más profundas.

La sensación de estar frente a algo que podría ser una especie nueva es difícil de describir, pero es realmente maravillosa
— Jonathan Flores, becario postdoctoral del IBIOMAR-CONICET
No se puede conservar lo que no se conoce
— Jonathan Flores
Quieres la nota completa? Lee el original en infobae ↗
Contáctanos FAQ