En la intersección entre el comercio digital y los vestigios de la muerte, un equipo de investigadores de la Universidad de Staffordshire ha descubierto que la venta en línea de restos momificados —humanos y animales— expone silenciosamente a compradores, repartidores y aduaneros a patógenos invisibles y sustancias tóxicas acumuladas durante siglos. Lo que parecía una curiosidad de coleccionista resulta ser un vector de riesgo biológico que atraviesa fronteras sin control ni advertencia. La historia nos recuerda, una vez más, que los muertos no son del todo inocuos para los vivos.
Científicos advierten sobre riesgos sanitarios en la venta de momias por internet
Los restos momificados pueden albergar peligros invisibles incluso en perfecto estado
¿Por qué alguien compraría una momia en internet? ¿Qué tipo de personas están detrás de esto?
Hay coleccionistas privados, curiosos, gente fascinada por la antigüedad. Pero también hay vendedores que ven una oportunidad de lucro en un mercado sin regulación. Internet lo hizo posible: antes, esto era más difícil de hacer.
El estudio menciona que los vendedores no dan información sobre seguridad. ¿Creen que es ignorancia o intención deliberada?
Probablemente ambas. Algunos vendedores simplemente no saben los riesgos. Otros saben que si revelan lo peligroso que es, nadie compraría. Es más fácil vender una momia bonita que una momia potencialmente letal.
¿Cuál es el riesgo real para alguien que recibe un paquete así en su casa?
Depende de cómo lo manipule. Si lo abre sin guantes, si lo toca directamente, si lo almacena en un espacio cerrado, está inhalando esporas que pueden causar infecciones graves. Historias como la del rey Casimiro muestran que esas esporas pueden matar.
¿Y los repartidores? Ellos no saben qué están entregando.
Exacto. Un repartidor toca el paquete, lo manipula, lo deja en la puerta. Nadie le advirtió que podría estar expuesto a hongos o químicos tóxicos. Es un riesgo invisible.
¿Qué necesitaría cambiar para que esto fuera seguro?
Regulación clara. Las plataformas de venta deberían prohibir estos artículos o exigir certificados de seguridad. Los servicios postales deberían inspeccionar. Las aduanas deberían saber qué buscar. Y los compradores deberían estar educados sobre los riesgos reales.
O Pulso
- Investigadores analizaron 128 anuncios en línea y encontraron señales de crecimiento microbiano peligroso en momias vendidas sin ningún protocolo de seguridad.
- Vendedores publican fotografías en las que se manipulan restos momificados con las manos desnudas, ignorando que esporas de Aspergillus y metales tóxicos como arsénico y mercurio pueden permanecer activos durante siglos.
- El peligro no se detiene en el comprador: repartidores y agentes de aduanas manipulan estos paquetes sin saber lo que contienen ni los riesgos que representan.
- Precedentes históricos —incluidas las muertes vinculadas a la apertura de tumbas reales en Polonia y Egipto— demuestran que perturbar restos antiguos puede tener consecuencias letales.
- Los investigadores exigen regulación urgente de mercados digitales, servicios postales y aduanas, y piden a la ciudadanía denunciar este comercio ante las autoridades competentes.
En la intersección entre el comercio digital y los vestigios de la muerte, un equipo de investigadores de la Universidad de Staffordshire ha descubierto que la venta en línea de restos momificados —humanos y animales— expone silenciosamente a compradores, repartidores y aduaneros a patógenos invisibles y sustancias tóxicas acumuladas durante siglos. Lo que parecía una curiosidad de coleccionista resulta ser un vector de riesgo biológico que atraviesa fronteras sin control ni advertencia. La historia nos recuerda, una vez más, que los muertos no son del todo inocuos para los vivos.
Mientras los mercados en línea crecían sin freno, también lo hacía un comercio poco visible: la venta de restos humanos momificados. Un equipo de la Universidad de Staffordshire, liderado por la doctora Kirsty Squires y con colaboradores de universidades en Vilnius, Salento, Messina y Adelaida, decidió examinar ese fenómeno. Tras analizar 128 anuncios y subastas digitales, hallaron indicios claros de colonización microbiana en los restos ofertados. El estudio fue publicado en la Revista Internacional del Patrimonio Cultural de la Universidad de Cambridge.
Lo que encontraron fue un panorama de negligencia sistemática. Manos, pies y cabezas momificadas aparecían listadas sin instrucciones de manipulación segura. En varias fotografías, los vendedores tocaban los restos sin guantes. Squires advirtió que el peligro biológico no siempre es visible: una momia de aspecto impecable puede albergar esporas letales. Los investigadores recordaron que en los años setenta, diez de los doce científicos que abrieron la tumba del rey Casimiro IV Jagellón en Cracovia murieron, presuntamente por exposición a esporas de Aspergillus latentes durante siglos. Un riesgo similar se atribuye a la muerte de Lord Carnarvon tras su visita a la tumba de Tutankamón.
A los riesgos biológicos se suman los químicos: arsénico, mercurio y plomo, empleados históricamente en el embalsamamiento, pueden liberarse al manipular los restos sin protección. El estudio documentó además envíos internacionales que violaban las propias políticas de las empresas de mensajería, sin que nadie verificara el contenido ni evaluara los riesgos.
Los autores concluyen que se necesita supervisión más estricta de plataformas digitales, servicios postales y aduanas, así como mayor educación sobre los peligros reales de estos objetos. Mientras esas medidas no lleguen, piden a la ciudadanía que denuncie este comercio ante las autoridades y organismos profesionales.
En los últimos años, mientras las redes sociales y los mercados en línea han proliferado, también lo ha hecho un comercio silencioso y poco regulado: la venta de restos humanos momificados. Un equipo de investigadores de la Universidad de Staffordshire decidió examinar qué estaba sucediendo en esas plataformas digitales, y lo que encontraron los alarmó. Después de analizar 128 anuncios y publicaciones de subastas en línea, detectaron indicios claros de crecimiento microbiano potencialmente peligroso en los restos que se ofrecían para la venta. El hallazgo, publicado en la Revista Internacional del Patrimonio Cultural de la Universidad de Cambridge, amplía la preocupación mucho más allá de los compradores y vendedores: también alcanza a los repartidores, los agentes de aduanas y cualquier otra persona que manipule estos objetos durante su envío.
Lo que el estudio reveló fue un panorama de negligencia. Las partes aisladas del cuerpo humano —manos, pies, cabezas en diversos estados de conservación— aparecían listadas sin información clara sobre cómo manipularlas de forma segura. En algunas fotografías incluidas en los anuncios, se veía a personas tocando directamente los restos momificados sin guantes de protección. Los investigadores advirtieron algo particularmente inquietante: la colonización microbiana no siempre es visible a simple vista. Una momia que parece estar en perfecto estado de conservación puede albergar peligros biológicos invisibles.
La doctora Kirsty Squires, profesora de bioarqueología humana en la Universidad de Staffordshire, lideró la investigación junto con colegas de universidades en Vilnius, Salento, Messina y Adelaida. Squires explicó que el auge de internet y las redes sociales ha amplificado el tráfico internacional de patrimonio cultural singular, incluidos restos humanos y animales momificados. Estos objetos preservados presentan riesgos sanitarios y de bioseguridad específicos: tanto por la toxicidad de los métodos históricos de embalsamamiento como por el almacenamiento inadecuado que favorece el crecimiento de hongos. "Nuestra investigación reveló que los restos momificados que se venden en línea muestran signos de biodeterioro, pero los vendedores no ofrecen ninguna guía de seguridad, lo que sugiere una escasa concienciación o una negligencia deliberada respecto a los peligros", afirmó Squires.
El estudio documentó casos concretos de envíos internacionales problemáticos. Restos humanos momificados fueron adquiridos en Estados Unidos y enviados desde el Reino Unido, a pesar de que la empresa de envíos indicaba en su sitio web que tales remesas no estaban permitidas. Poco importaba: los paquetes llegaban a sus destinos sin que nadie verificara su contenido o evaluara los riesgos biológicos involucrados. El peligro no es teórico. Los investigadores citaron precedentes históricos alarmantes. En la década de 1970, cuando se abrió la tumba del rey Casimiro IV Jagellón en Cracovia, diez de los doce científicos conservacionistas que participaron en la excavación murieron, presuntamente por exposición a esporas de Aspergillus que habían permanecido latentes durante siglos. Se cree también que una forma grave de aspergilosis contribuyó a la muerte de Lord Carnarvon después de su exposición en la tumba de Tutankamón. Cuando esos restos antiguos son perturbados, las esporas se dispersan en el aire.
Más allá de los hongos, los restos momificados pueden contener sustancias empleadas históricamente en embalsamamiento y conservación: arsénico, mercurio y plomo. Un embalaje deficiente y malas condiciones de almacenamiento aceleran el biodeterioro y favorecen el crecimiento de hongos. La manipulación sin protección puede liberar esas esporas al ambiente. Cualquier persona que toque una momia sin guantes, que la desempaque sin precauciones, que la almacene en un espacio cerrado, corre riesgos reales de exposición.
Squires señaló que los vendedores en este mercado no regulado suelen pasar por alto estos peligros, ya sea por desconocimiento de los riesgos biológicos de los tejidos blandos conservados o por motivaciones lucrativas que dejan en segundo plano la salud humana. Los autores del estudio sostienen que hace falta una supervisión más rigurosa y directrices más claras para los mercados en línea, el sector postal y de mensajería, los servicios de aduanas y las autoridades competentes. Hasta que se apliquen medidas más eficaces, piden que la ciudadanía permanezca alerta y denuncie la venta de restos momificados ante las autoridades y los organismos profesionales. Una mejor supervisión y mayor educación son necesarias, advierten, para proteger la salud pública y preservar el patrimonio arqueológico.
Citações Notáveis
Nuestra investigación reveló que los restos momificados que se venden en línea muestran signos de biodeterioro, pero los vendedores no ofrecen ninguna guía de seguridad, lo que sugiere una escasa concienciación o una negligencia deliberada respecto a los peligros— Doctora Kirsty Squires, profesora de bioarqueología humana, Universidad de Staffordshire