A los 47 años, el científico Dean Ho se convirtió en el sujeto de su propio experimento de longevidad durante nueve meses en Singapur, alterando de forma radical su alimentación, sueño y movimiento bajo monitoreo digital continuo. Los datos sugirieron que su edad biológica descendió a los 32 años, una diferencia de casi tres lustros frente a su edad cronológica. El hallazgo no es una receta universal, sino una pregunta abierta sobre lo que el cuerpo humano puede revelar cuando se lo escucha con suficiente atención y constancia.