Cien años de Amauta: la revista que reunió a Latinoamérica en torno a su futuro

Mariátegui fue detenido seis días y la revista clausurada seis meses bajo represión estatal; colaboradores fueron exiliados; la masacre de Chayanta en Bolivia dejó más de 300 muertos en contexto de represión contemporánea.
Polémica, pluralidad y libertad de opinión para la construcción del nuevo Perú
La respuesta de Mariátegui cuando fue acusado de publicar posiciones contradictorias en Amauta.
Mark

¿Por qué una revista de hace cien años sigue importando tanto?

Mimi

Porque Amauta no era solo una publicación. Era el lugar donde América Latina se pensaba a sí misma. Cuando Mariátegui la fundó, el continente estaba en ebullición —había represión, había movimientos sociales, había nuevas ideas llegando de Europa. La revista capturaba todo eso en un mismo espacio.

Mark

Pero había represión, censura. ¿Cómo logró durar cuatro años?

Mimi

No duró mucho, es verdad. Fue clausurada en 1927, apenas un año después de comenzar. Pero lo notable es que sus colaboradores continuaron desde el exilio. La red que Mariátegui había tejido era tan fuerte que la represión no pudo romperla completamente. Las ideas siguieron circulando.

Mark

¿Qué hacía diferente a Amauta de otras revistas de la época?

Mimi

No jerarquizaba. En un mismo número convivían poemas, análisis económicos, reflexiones sobre arte indígena, crítica política. Todo era igualmente importante. Y todos los colaboradores —desde Borges hasta Neruda— estaban movidos por la misma pregunta: ¿cómo regeneramos nuestros países?

Mark

¿Y hoy? ¿Existe algo parecido?

Mimi

No. Eso es lo que duele. Hoy política y cultura están separadas. Los intelectuales lamentan que no haya un espacio donde se construya sistemáticamente una agenda nacional. Las redes sociales fragmentan más que unen. Amauta era lo opuesto: era un crisol.

Mark

¿Qué pasó con Mariátegui después del cierre?

Mimi

Fue detenido seis días y su salud se deterioró. Ya tenía una enfermedad degenerativa. Murió tres años después, a los treinta y cinco años. Nunca vio el impacto completo de lo que había creado.

Mark

¿Entonces el centenario es una forma de decir que lo necesitamos de nuevo?

Mimi

Exactamente. Es una pregunta sin respuesta fácil: ¿cómo creamos hoy un espacio donde política y cultura construyan juntas el futuro? Sin eso, dicen los intelectuales, la democracia sigue en riesgo.

  • Amauta circuló en 32 números entre 1926 y 1930
  • Mariátegui recibió 800 cartas de intelectuales de al menos 20 naciones entre 1923-1930
  • La revista fue clausurada en junio de 1927 bajo acusación de complot comunista
  • Colaboradores incluían a Borges, Neruda, Vallejo, Rivera y Mistral
  • La masacre de Chayanta en Bolivia en 1927 dejó más de 300 muertos

Amauta fue plataforma continental donde dialogaron Borges, Neruda, Vallejo y Rivera sobre regeneración política, cultural y social de América Latina entre 1926 y 1930. La represión política cerró la revista en 1927 bajo acusación de complot comunista, pero sus colaboradores continuaron desde el exilio difundiendo sus ideas antiimperialistas.

Se conmemoran cien años de Amauta, la influyente revista fundada por José Carlos Mariátegui en 1926 que reunió intelectuales, artistas y políticos latinoamericanos en torno a proyectos de transformación social, indigenismo y antiimperialismo.

En septiembre de 1926, un intelectual peruano de treinta y tantos años lanzó una revista que cambiaría la forma en que América Latina pensaba sobre sí misma. José Carlos Mariátegui había regresado de Europa con una visión clara: crear una plataforma donde los pensadores, artistas y políticos del continente pudieran encontrarse, dialogar y construir juntos el futuro de sus naciones. Amauta —cuyo nombre evoca al sabio inca— sería ese espacio. "Esta revista vinculará a los hombres nuevos del Perú, primero con los de los otros pueblos de América, enseguida con los de los otros pueblos del mundo", escribió Mariátegui en el primer número. No era una promesa vacía. Entre 1926 y 1930, cuando la revista circuló en treinta y dos números, Mariátegui tejió una red de correspondencia que abarcaba al menos veinte naciones. Solo en el período 1923-1930 recibió ochocientas cartas de intelectuales de toda la región.

Las páginas de Amauta se convirtieron en un espacio donde convivían sin jerarquía la política, la literatura, la economía, la filosofía, el arte y hasta la religión. En un mismo número podían encontrarse reflexiones sobre estética poética junto a análisis detallados del plan quinquenal soviético. Los nombres que pasaron por sus páginas forman un catálogo de la grandeza intelectual del siglo veinte: Jorge Luis Borges, Pablo Neruda, César Vallejo, Gabriela Mistral, Miguel de Unamuno. Los artistas gráficos incluían a José Sabogal, Diego Rivera y Emilio Pettoruti. Pero Amauta no era una revista de élite desconectada de la realidad. Sus colaboradores escribían movidos por una urgencia común: entender cómo regenerar sus países desde los cimientos, cómo construir una agenda continental que respondiera a las fuerzas que sacudían América Latina —el indigenismo, el socialismo, el antiimperialismo, las vanguardias estéticas.

En Perú, el presidente Augusto Leguía gobernaba con puño de hierro. En junio de 1927, apenas un año después de que Amauta comenzara a circular, Leguía ordenó el cierre de la revista y su editorial, Minerva, acusándolas de participar en un "complot comunista". Mariátegui fue recluido en un hospital militar —su salud ya era frágil, aquejado por una anquilosis que lo consumía— y detenido durante seis días. La revista permaneció clausurada seis meses. Algunos de sus colaboradores fueron exiliados hacia Bolivia, entre ellos Gamaliel Churata y Miguel Ángel Urquieta, quienes continuaron aportando desde el país vecino. El mismo año de la represión en Perú, Bolivia vivía su propio momento de violencia: la masacre de Chayanta, donde comunarios de la región altiplánica ocuparon haciendas en rechazo a la expansión del latifundio. El Ejército respondió con una represión que dejó, según algunos historiadores, más de trescientos muertos.

A pesar de la represión, la revista logró convertirse en lo que Mariátegui había imaginado: un terreno donde se perfilaban respuestas a los grandes problemas del continente. Tristán Marof, uno de los principales precursores del marxismo en Bolivia, fue el colaborador boliviano más regular en Amauta. El poeta y novelista Óscar Cerruto, con apenas catorce años, se convirtió en el autor más joven en publicar en la revista. El indigenista Franz Tamayo también dejó su marca. Estos nombres, reproducidos ahora en una exposición durante la trigésima edición de la Feria del Libro de La Paz —celebrada hasta el 9 de agosto de 2026, con Perú como invitado de honor—, testimonian cómo Amauta funcionó como un verdadero puente continental.

Mariatégui mismo fue un editor que entendía su trabajo como intervención política. Cuando fue acusado de yuxtaponer posiciones contradictorias en sus páginas —especialmente en su célebre discusión con Víctor Raúl Haya de la Torre en 1928 sobre la naturaleza del APRA—, respondió con una frase que resume su filosofía: "Polémica, pluralidad y libertad de opinión para la construcción del nuevo Perú". No creía en la uniformidad de pensamiento. Creía en el diálogo como herramienta de construcción nacional. Alrededor de Amauta se organizaron movimientos antiimperialistas liderados por colaboradores de la revista: la Unión Latinoamericana de José Ingenieros en Argentina, la Liga Antiimperialista de las Américas de Julio Antonio Mella en Cuba, la Alianza Popular Revolucionaria Americana de Haya de la Torre en Perú.

Cien años después, mientras se reimprimían los tres primeros números en edición facsimilar y se realizaban conversatorios en La Paz, los intelectuales que reflexionan sobre Amauta expresaban una nostalgia compartida. Ana Torres, coordinadora del Archivo Mariátegui, señaló que la revista sigue siendo relevante porque "tiene una dimensión continental vinculada con la red de intelectuales que desarrolló Mariátegui de Bolivia, Colombia, Ecuador, México o Argentina". El filósofo Eduardo Cáceres describió Amauta como "el crisol donde se encuentran, dialogan, construyen y acuerdan los proyectos políticos y culturales del siglo XX". Luis Alberto Castillo, editor de La Balanza —la casa responsable de la reedición—, lamentaba que en la actualidad exista "una brecha gigante" entre política y cultura, cuando Mariátegui demostró que "eso no solo puede, sino que debe caminar junto".

La ausencia de un espacio como Amauta se siente hoy con particular agudeza. Cáceres observa que el debate político en tiempos de nuevas tecnologías se ha vuelto "superficial, subjetivo, prescindible de grandes referentes, amnésico, fragmentario y muy polarizante". Sin una plataforma donde se piense y construya sistemáticamente la nación, donde se aglutinen tendencias diversas en torno a proyectos comunes, la regeneración política parece cada vez más lejana. El centenario de Amauta no es solo una celebración del pasado. Es una pregunta incómoda sobre qué hemos perdido y qué necesitaríamos recuperar.

Esta revista vinculará a los hombres nuevos del Perú, primero con los de los otros pueblos de América, enseguida con los de los otros pueblos del mundo
— José Carlos Mariátegui, presentación de Amauta, septiembre de 1926
Amauta era el espacio para construir una agenda nacional y continental. Es el crisol donde se encuentran, dialogan, construyen y acuerdan los proyectos políticos y culturales del siglo XX
— Eduardo Cáceres, filósofo especializado en Mariátegui
Contact Us FAQ