Durante quince años, dos mujeres se forjaron mutuamente en la cancha sin saberlo del todo: cada golpe de una era, en el fondo, una pregunta que la otra debía responder. Netflix estrena un documental que propone leer la rivalidad entre Chris Evert y Martina Navratilova no como una guerra de voluntades, sino como una de las colaboraciones involuntarias más fecundas en la historia del deporte. Dirigido por Rebecca Gitlitz, el film llega en un momento en que ambas protagonistas enfrentan enfermedades graves, lo que otorga a la mirada sobre el pasado una claridad que solo da la distancia y la fragi
Chris y Martina: cómo Netflix retrata a dos rivales que se construyeron mutuamente
Necesitaban un rival capaz de obligarlos a reinventarse
¿Por qué este documental importa ahora? ¿Qué tiene de nuevo contar la historia de Evert y Navratilova?
Porque rechaza la idea de que una rivalidad es simplemente dos personas que se odian compitiendo. Muestra que se necesitaban mutuamente para ser quiénes fueron.
Pero eso es una interpretación. ¿Qué dicen ellas mismas sobre eso? ¿Lo confirman en las entrevistas o es la lectura del director?
El documental las entrevista en el presente, cuando ya no compiten. Eso cambia todo lo que pueden decir sobre el pasado.
¿Entonces la enfermedad es lo que permite que finalmente hablen con honestidad?
No exactamente. La enfermedad modifica su perspectiva, pero el documental no la usa como gancho emocional. Es más sutil que eso.
Ochenta partidos en quince años es un número que suena impresionante, pero ¿es realmente irrepetible? ¿O es solo que el tenis profesional cambió después?
Probablemente ambas cosas. El calendario era diferente, pero también el nivel de dedicación y la cantidad de torneos que jugaban.
¿Qué se pierde en el documental? ¿Hay cosas importantes que no cuenta?
Sí. El asilo político de Navratilova en Estados Unidos aparece apenas esbozado. Y su homosexualidad, que fue un acto de valentía enorme en esa época, se trata de manera muy superficial.
Eso es una limitación real. Pero el documental eligió enfocarse en la rivalidad deportiva como el hilo conductor.
¿Entonces funciona mejor como película sobre el deporte que como biografía?
Exactamente. Y eso es lo que la hace convincente.
El Pulso
- Ochenta partidos en quince años crearon una dependencia técnica y psicológica tan profunda que cada una se convirtió, sin proponérselo, en la principal razón del crecimiento de la otra.
- La tensión entre estilos opuestos —la regularidad matemática de Evert contra el atletismo agresivo de Navratilova— llegó a enfriar su relación hasta el silencio casi absoluto en los años de mayor rivalidad.
- El documental navega entre el archivo deportivo y el presente médico de ambas: Evert enfrenta un cáncer de ovario recurrente que la alejó de Wimbledon, mientras Navratilova superó simultáneamente cánceres de mama y garganta.
- La enfermedad no reemplaza el tema central, sino que lo reencuadra: desde la vulnerabilidad, las dos exdeportistas analizan aquellos partidos con el mismo rigor implacable con que los disputaron.
- El film concluye que los grandes legados deportivos rara vez se construyen en soledad, y que esta rivalidad sobrevive precisamente porque dejó de medirse por el marcador del último partido.
Durante quince años, dos mujeres se forjaron mutuamente en la cancha sin saberlo del todo: cada golpe de una era, en el fondo, una pregunta que la otra debía responder. Netflix estrena un documental que propone leer la rivalidad entre Chris Evert y Martina Navratilova no como una guerra de voluntades, sino como una de las colaboraciones involuntarias más fecundas en la historia del deporte. Dirigido por Rebecca Gitlitz, el film llega en un momento en que ambas protagonistas enfrentan enfermedades graves, lo que otorga a la mirada sobre el pasado una claridad que solo da la distancia y la fragilidad.
Netflix estrena Chris y Martina: el set decisivo, un documental dirigido por Rebecca Gitlitz que propone una lectura inusual de una de las rivalidades más importantes del tenis femenino. La película no retrata a Chris Evert y Martina Navratilova como dos voluntades enfrentadas, sino como dos deportistas que, casi sin proponérselo, fueron arquitectas del éxito mutuo.
Durante quince años disputaron ochenta partidos oficiales, una cifra sin precedentes en el deporte profesional. Esa frecuencia generó una dinámica simbiótica: cada mejora de una obligaba a la otra a reinventarse. El contraste entre la regularidad táctica de Evert y el juego atlético y agresivo de Navratilova produjo además un relato deportivo ideal para la televisión de los años setenta y ochenta, y contribuyó a instalar el tenis femenino como espectáculo global.
Gitlitz alterna el archivo deportivo con el presente de ambas protagonistas. El film no romantiza la amistad ni exagera el conflicto: explica con honestidad que hubo afecto y resentimiento, admiración y períodos en que prácticamente dejaron de hablarse. Testimonios de John McEnroe, Pam Shriver y otros contemporáneos refuerzan una idea central: ninguna permitía que la otra permaneciera cómoda demasiado tiempo.
El documental también acompaña con intimidad las experiencias médicas actuales. Evert enfrenta un cáncer de ovario recurrente que la obligó a renunciar a comentar Wimbledon este año; Navratilova recibió el alta tras tratarse simultáneamente un cáncer de mama y otro de garganta. La enfermedad modifica el ángulo desde el que ambas observan su pasado, pero no desplaza el tema central: que algunas rivalidades importan más por lo que construyeron que por quién ganó al final.
Netflix acaba de estrenar un documental que propone una forma completamente distinta de entender una de las rivalidades más decisivas del tenis femenino. Chris y Martina: el set decisivo, dirigido por Rebecca Gitlitz, no cuenta la historia de Chris Evert y Martina Navratilova como un enfrentamiento entre dos voluntades opuestas que buscaban vencerse mutuamente. En cambio, la película sostiene algo más profundo: que cada una de estas deportistas extraordinarias fue, casi sin proponérselo, la arquitecta del éxito de la otra.
Durante quince años, entre los años setenta y ochenta, Evert y Navratilova disputaron ochenta partidos oficiales, una cifra prácticamente sin precedentes en el deporte profesional. Esa frecuencia de encuentros no solo produjo una rivalidad feroz, sino algo más complejo: una relación casi simbiótica en la que cada mejora técnica de una obligaba a la otra a reinventarse completamente. Cuando Navratilova perfeccionaba su juego agresivo y atlético, Evert respondía con adaptaciones estratégicas que la llevaban a nuevos niveles. Cuando Evert encontraba una solución táctica, Navratilova se veía forzada a descubrir capacidades que probablemente nunca habría desarrollado en soledad. El documental sostiene que esta dinámica de dependencia mutua explica mejor su lugar en la historia del tenis que cualquier cantidad de títulos o récords.
Gitlitz encuentra una estructura narrativa muy efectiva alternando el presente de las dos exdeportistas con un archivo deportivo abundante. Las imágenes de los grandes partidos funcionan como evidencia de una transformación psicológica: el paso de la cordialidad inicial al distanciamiento casi absoluto durante los años de mayor tensión competitiva aparece como una consecuencia lógica del enorme profesionalismo de ambas. El film evita los lugares comunes del relato deportivo contemporáneo, que suele romantizar la amistad entre competidores o exagerar los enfrentamientos para producir espectáculo. Aquí ocurre lo contrario: la película explica con claridad que hubo afecto y resentimiento, admiración y momentos de tensión extrema en que prácticamente dejaron de hablarse.
El contraste entre ambas jugadoras fue determinante para el crecimiento del tenis femenino. La regularidad casi matemática de Evert frente al perfil atlético y agresivo de Navratilova produjo un relato deportivo perfecto para la televisión de finales de los setenta y principios de los ochenta. Gracias a esa dinámica de enfrentamiento, el tenis femenino dejó de ocupar un lugar secundario para instalarse como un espectáculo deportivo de alcance global. Entrevistas con John McEnroe, Pam Shriver, Zina Garrison, familiares y antiguos entrenadores sirven para construir contexto, todos apuntando a la misma idea: ninguna permitía que la otra permaneciera cómoda demasiado tiempo.
El documental acompaña con alto grado de intimidad las experiencias médicas actuales de ambas. Chris Evert enfrenta un cáncer de ovario que, tras una primera remisión, ha reaparecido en varias ocasiones y la obligó incluso a renunciar este año a comentar Wimbledon para la televisión. Martina Navratilova atravesó de manera simultánea un cáncer de mama y otro de garganta, de los que recibió el alta tras el tratamiento. Las consultas médicas, las sesiones de quimioterapia y las conversaciones privadas muestran la vulnerabilidad al desnudo, pero no como un mecanismo para forzar la emoción. La enfermedad modifica el punto de vista desde el que las protagonistas observan su pasado, pero no reemplaza el tema central del documental.
Las imágenes de archivo que muestran a las dos jugadoras exigiéndose hasta el límite durante los años de máxima competencia dialogan fluidamente con el presente: dos mujeres que ya no necesitan demostrarse nada, aunque siguen analizando aquellos partidos con el mismo rigor con el que entonces los disputaban. El documental resulta más convincente cuando habla de la competencia que cuando intenta hablar del éxito. Los títulos y los trofeos terminan ocupando un lugar secundario frente a una constatación mucho más relevante: los grandes deportistas rara vez construyen su legado en soledad. Necesitan un rival capaz de obligarlos a reinventarse una y otra vez. Evert y Navratilova encontraron esa clase de adversaria excepcional, y el documental entiende que esa relación —hecha de admiración, distancia, aprendizaje y conflicto— explica mejor su lugar en la historia que cualquier palmarés. Sin necesidad de buscar una moraleja, la película termina sugiriendo que algunas rivalidades sobreviven precisamente porque dejan de medirse por el resultado del último partido.
Citas Notables
Cada mejora técnica de Navratilova obligaba a Evert a reinventarse. Cada adaptación estratégica de Evert empujaba nuevamente a Navratilova hacia otro nivel.— Análisis del documental sobre la dinámica de la rivalidad
Hubo afecto, hubo resentimiento, hubo admiración y hubo momentos de tensión extrema en que prácticamente dejaron de hablarse.— Descripción del documental sobre la relación entre las tenistas