Mientras China construye una visión de la inteligencia artificial que abarca el crecimiento económico, la soberanía tecnológica y la capacidad militar de forma simultánea, Europa permanece anclada en una lógica puramente regulatoria e industrial. El 24 de septiembre, Xi Jinping y Donald Trump se sentarán a negociar el futuro de una tecnología que Europa utiliza pero no controla ni moldea. Esta ausencia en la mesa no es un accidente diplomático: es el reflejo de una brecha estratégica que, si no se corrige, podría convertirse en una vulnerabilidad duradera para la soberanía del continente.