En el transcurso de tres décadas, China ha recorrido un camino que a otras naciones les tomó siglos: de representar apenas el 3% de la economía mundial a convertirse en la primera potencia manufacturera, científica y tecnológica del planeta. Esta transformación, que sacó a cientos de millones de la pobreza y reconfiguró las cadenas globales de producción, enfrenta hoy su prueba más exigente en la carrera por la inteligencia artificial, donde el acceso restringido a semiconductores estadounidenses recuerda que ningún ascenso es ilimitado. La historia de China es, en este momento, la historia de
China se consolida como superpotencia tecnológica, pero aún rezaga en IA avanzada
De periféricos a punteros en investigación clínica en quince años
¿Cómo es posible que China haya avanzado tan rápido en ciencia si hace treinta años era una economía marginal?
Combinó inversión masiva en educación con una estrategia deliberada de atraer talento. Las universidades crecieron exponencialmente, y muchos investigadores chinos que estudiaron en el extranjero regresaron con conocimiento. Ahora producen más artículos académicos que cualquier otro país.
Pero hay que ser cuidadoso: esa cifra de publicaciones incluye cantidad y calidad. Sí, publican más, pero ¿cuántos de esos artículos son realmente innovadores? El indicador de artículos en el 1% más citado es más revelador, y ahí aún están por detrás de Estados Unidos.
¿Y en manufactura? ¿Realmente generan más valor que Japón, Alemania y Estados Unidos juntos?
Sí, pero hay que entender qué significa eso. No es que China sea más eficiente en todo. Es que concentra la producción global. Cuando un iPhone se fabrica allí, China se atribuye el valor del montaje y los componentes locales, pero no el diseño ni los chips más avanzados.
Exacto. El 28% es una cifra real, pero puede ser engañosa. Mide valor añadido en cada etapa, no ganancia total. China gana menos por unidad que Estados Unidos en tecnología de punta, pero hace muchísimas más unidades.
Entonces, ¿cuál es el verdadero problema de China en IA?
Los chips. No pueden acceder a la tecnología más avanzada de Nvidia, Google y otros. Eso limita su capacidad de entrenar modelos grandes. Es un cuello de botella geopolítico.
Pero aquí viene lo importante: China está encontrando formas de trabajar alrededor de esa limitación. Usan técnicas como la destilación para hacer más con menos. No es lo mismo que tener acceso ilimitado, pero no es nada despreciable. El retraso es real, pero podría acortarse.
¿Qué tan cerca está China de alcanzar a Estados Unidos en IA?
Meses de retraso, según Epoch. Cada vez que Estados Unidos lanza un modelo nuevo, China lo alcanza más rápido que antes. Es una trayectoria de convergencia.
Sí, pero hay que notar que todos los modelos líderes desde 2023 han sido estadounidenses. Eso significa que Estados Unidos sigue innovando más rápido de lo que China puede copiar. La brecha se cierra, pero no está cerrada.
¿Qué significa esto para el resto del mundo?
Significa que la tecnología global será cada vez más competida entre dos potencias. Eso puede acelerar la innovación, pero también puede fragmentar el mundo en dos ecosistemas tecnológicos.
Y hay que recordar que esto no es solo tecnología. Es geopolítica. Las restricciones de chips a China no son accidentales; son política estadounidense deliberada. Eso es parte de la historia tanto como el talento chino.
El Pulso
- China produce el 28% del valor manufacturero mundial —más que EE UU, Japón y Alemania juntos— y en 2024 instaló más robots industriales que el resto del mundo combinado.
- En investigación científica, el salto es igualmente vertiginoso: los ensayos clínicos chinos pasaron del 1% al 30% del total mundial en solo quince años, y sus universidades han multiplicado su presencia en los rankings de excelencia global.
- La tensión central se concentra en la IA de frontera: los modelos chinos avanzan rápido pero siguen meses por detrás de los estadounidenses, atrapados por restricciones de acceso a chips que concentran el 96% de la capacidad de cálculo global en cuatro empresas de EE UU.
- China responde con innovación adaptativa —entrenamiento eficiente, destilación de modelos— pero el cuello de botella tecnológico en semiconductores revela el límite estructural de su ascenso en el sector más estratégico de la década.
En el transcurso de tres décadas, China ha recorrido un camino que a otras naciones les tomó siglos: de representar apenas el 3% de la economía mundial a convertirse en la primera potencia manufacturera, científica y tecnológica del planeta. Esta transformación, que sacó a cientos de millones de la pobreza y reconfiguró las cadenas globales de producción, enfrenta hoy su prueba más exigente en la carrera por la inteligencia artificial, donde el acceso restringido a semiconductores estadounidenses recuerda que ningún ascenso es ilimitado. La historia de China es, en este momento, la historia de un poder que ha llegado lejos pero que aún no ha llegado a todas partes.
Hace treinta años, China representaba apenas el 3% de la economía mundial. Hoy es la primera potencia en paridad de compra, y el 83% de su población que vivía con menos de tres dólares diarios es, según el Banco Mundial, prácticamente cero. Lo que comenzó como una apertura económica se ha convertido en una consolidación de poder sin precedentes en la historia moderna.
El dominio manufacturero es casi total. Sus fábricas generan el 28% del valor añadido manufacturero del planeta, superando a Estados Unidos, Japón y Alemania combinados. El alcance abarca desde el 65% de los juguetes comerciados globalmente hasta el 74% del menaje de acero inoxidable, pasando por portátiles, pantallas y videoconsolas. En la última década, ese dominio ha saltado hacia tecnologías avanzadas: paneles solares, baterías y vehículos eléctricos. En 2024, China instaló 295.000 robots industriales, más que el resto del mundo junto.
La innovación propia se refleja en patentes y ciencia. En 2024, presentó 70.000 solicitudes internacionales PCT, superando a EE UU y Japón. Entre 2017 y 2023 duplicó su producción académica y hoy representa el 30% de los ensayos clínicos mundiales, frente al 1% de 2009. Sus universidades, ausentes del top 100 de Shanghái en 2015, suman hoy dieciséis centros en ese grupo, y sus escolares lideran las pruebas PISA en matemáticas y ciencias con márgenes de hasta 150 puntos sobre países como España o EE UU.
Pero aquí termina el ascenso sin obstáculos. En inteligencia artificial, China es el único rival real de Estados Unidos, pero va a remolque: sus mejores modelos siguen la estela estadounidense con meses de retraso. El problema es estructural: el 96% de la capacidad de cálculo global pertenece a chips de Nvidia, Google, AMD y Amazon, y China tiene acceso restringido a esa tecnología. Huawei y Cambricon suman apenas el 4% restante. En la carrera que muchos consideran la más decisiva de la década, China está rezagada. De momento.
Hace treinta años, China representaba apenas el 3% de la economía mundial —poco más que España en ese entonces—. Hoy es la primera potencia en términos de paridad de compra, por delante de Estados Unidos y la Unión Europea. La transformación ha sido vertiginosa. En 1990, el 83% de los chinos vivía con menos de tres dólares diarios. Según el Banco Mundial, esa cifra es hoy prácticamente cero. Lo que comenzó como una apertura económica se ha convertido en una consolidación de poder industrial, científico y tecnológico sin precedentes en la historia moderna.
El dominio manufacturero chino es casi total. Sus fábricas generan el 28% de todo el valor añadido manufacturero del planeta, más que Estados Unidos, Japón y Alemania combinados. Esa cifra no mide solo lo que China produce, sino el valor que agrega en cada etapa de la cadena. Cuando un iPhone se ensambla en territorio chino, el país asiático se atribuye el valor del montaje y de los componentes fabricados localmente. El alcance es abrumador: el 65% de los juguetes comerciados globalmente en 2024 salieron de allí, el 65% de la porcelana, el 74% del menaje de acero inoxidable, el 71% de las maletas. En tecnología cotidiana, la presencia es igualmente dominante: portátiles (68%), pantallas de ordenador (61%), aire acondicionado (65%), videoconsolas (68%). Pero en la última década, ese dominio ha saltado hacia tecnologías avanzadas. China lidera ahora en paneles solares, baterías y vehículos eléctricos. En 2024, instaló 295.000 robots industriales, más que el resto del mundo junto, según la Federación Internacional de Robótica. Empresas como CATL y BYD han innovado en diseños de baterías que aumentan la densidad energética, permitiendo almacenar más poder en menos espacio.
La innovación propia se refleja también en patentes. En 2024, China presentó 70.000 solicitudes a través del sistema internacional PCT, una cuarta parte del total mundial, superando a Estados Unidos (54.000) y Japón (48.000). La actividad científica crece con aceleración. Entre 2017 y 2023, China duplicó su producción de artículos académicos. Publica más del doble que Estados Unidos y un 70% más que la Unión Europea. No es solo cantidad: la proporción de artículos chinos que se sitúan entre el 1% más citado del mundo ha subido de forma pronunciada desde 2006. Aunque aún por detrás de Estados Unidos en este indicador, probablemente ya ha superado a la Unión Europea. Los ensayos clínicos ilustran este salto. En 2009, las empresas chinas representaban apenas el 1% de los ensayos clínicos iniciados en el mundo. Hoy representan el 30%, por delante de Europa (21%) y cerca de Estados Unidos (35%). En quince años pasaron de periféricos a punteros en investigación médica.
Esta capacidad científica se alimenta de universidades en expansión constante. En 2015, ninguna universidad china figuraba entre las cien mejores del ránking de Shanghái. Diez años después, son dieciséis. Estados Unidos aún las supera con treinta y siete universidades de excelencia, pero en el top 500, los centros chinos ya son los más numerosos: 115 frente a 111 estadounidenses. Los escolares chinos están entre los mejores del mundo en pruebas PISA. Cuatro regiones chinas de las más ricas participaron en el último informe y lograron resultados prácticamente récord: los mejores en matemáticas, los mejores en ciencia y los segundos en lectura. La brecha es considerable. En matemáticas, esas cuatro regiones obtuvieron 150 puntos más que adolescentes de España o Estados Unidos, equivalente a varios cursos de diferencia. Esta fortaleza académica se aprecia también en investigación de inteligencia artificial. En 2022, casi la mitad de los investigadores de una muestra de autores de NeurIPS, una de las principales conferencias de la disciplina, había cursado el grado en China. Muchos continuaron su formación en universidades estadounidenses y nutrieron centros de investigación allí. Entre los autores de NeurIPS que trabajaban en Estados Unidos, había tantos graduados en China (38%) como en Estados Unidos (37%).
Pero aquí termina la historia de ascenso sin obstáculos. China es ahora el único rival de Estados Unidos en desarrollo de modelos de IA avanzada, pero aún va a remolque. El índice de capacidades de Epoch indica que sus mejores modelos siguen la estela estadounidense con meses de retraso. Desde 2023, todos los modelos que han encabezado esa clasificación han sido estadounidenses. Los laboratorios chinos se acercan deprisa a cada nuevo avance, combinando innovaciones para entrenar con menos cómputo y técnicas como la destilación, que permite transferir capacidades de un modelo grande a uno pequeño. Pero el obstáculo es brutal: los chips. La IA avanzada depende de chips diseñados en Estados Unidos y de una cadena de fabricación que pasa por socios como Taiwán y Corea del Sur. China tiene acceso restringido a esa tecnología y dificultades para sustituirla con producción propia. Al cierre de 2025, el 96% de la capacidad de cálculo acumulada correspondía a chips de cuatro compañías estadounidenses: Nvidia, Google, AMD y Amazon. Las dos empresas chinas analizadas, Huawei y Cambricon, sumaban solo el 4% restante. En la carrera que muchos consideran la más importante de la década, la tecnología china está rezagada. De momento.
Citas Notables
Sus mejores modelos siguen la estela estadounidense con meses de retraso— Índice de capacidades de Epoch
En matemáticas, esas cuatro regiones chinas lograron 150 puntos más que adolescentes de España o Estados Unidos, lo equivalente a varios cursos— Datos de pruebas PISA