En el segundo trimestre de 2026, China redujo sus importaciones de crudo en un 32%, no por una crisis pasajera, sino porque la electrificación de su transporte —especialmente el pesado— está reescribiendo la lógica energética del país más poblado del mundo. Lo que ocurre en las carreteras chinas no es un fenómeno local: el mayor importador de petróleo del planeta está alterando, de forma estructural, los cimientos sobre los que descansa la economía global del crudo. La transición, sin embargo, carga consigo una paradoja: electrificar el movimiento no garantiza limpiar la energía si la electric