En Pekín, investigadores chinos presentaron un robot inspirado en el arowana que no solo imita la forma de un pez, sino la fluidez misma de su movimiento. Este prototipo, exhibido en la conferencia Ciftis, encarna una pregunta más profunda que la tecnología lleva siglos haciéndose: ¿qué podemos aprender de la vida para construir mejor? La biomimética submarina avanza así hacia máquinas que no conquistan el agua con fuerza bruta, sino que se integran en ella como si pertenecieran.