Hace noventa y nueve años, en las calles de Nanchang, más de veinte mil insurgentes encendieron la chispa que China considera el origen de su ejército moderno. Hoy, esa llama se conmemora con festividades nacionales mientras el presidente Xi Jinping convierte el aniversario en un llamado hacia el futuro: modernizar completamente las fuerzas armadas para 2035 y proyectarlas como potencia militar de nivel mundial hacia mediados de siglo. Entre la historia que se recupera lentamente —solo se conoce la identidad de 1,186 de aquellos combatientes— y la ambición estratégica que se declara abiertamen