Más de siete décadas después de su muerte, Mao Zedong no es simplemente una figura del pasado chino: es una arquitectura viva que sostiene el presente. El Partido Comunista Chino no ha clausurado su legado, sino que lo reinterpreta y lo instrumentaliza para legitimar el poder centralizado, moldear la identidad nacional y proyectar una narrativa soberana ante el mundo. Comprender a la China de hoy exige reconocer que sus decisiones más profundas se articulan desde premisas forjadas hace décadas.