China enfrenta una encrucijada demográfica sin precedentes: por primera vez en la era contemporánea, una nación se contrae no por catástrofe, sino por elección. En respuesta a la tasa de natalidad más baja desde 1949, Pekín ha extendido su seguro de maternidad a 260 millones de personas —incluyendo a los trabajadores de la economía flexible— desembolsando más de 11.600 millones de dólares en siete meses. La pregunta que subyace a este esfuerzo monumental es si los incentivos económicos pueden transformar lo que parece ser, en su raíz, una reconfiguración cultural profunda de lo que significa r