En un momento en que la inteligencia artificial redefine el poder global, China ha alzado la voz para advertir que la carrera tecnológica entre naciones pone en riesgo tanto la privacidad de los datos como la estabilidad internacional. Pekín rechaza los llamados occidentales a frenar su desarrollo de IA, calificándolos de 'agenda oculta' disfrazada de preocupación legítima, y propone en cambio una 'barrera de seguridad' propia que permita avanzar sin ceder soberanía tecnológica. Esta disputa encarna una de las tensiones más profundas de nuestra era: la dificultad de separar la seguridad genuin