En septiembre de 2026, cuatro de los sistemas de inteligencia artificial más poderosos del mundo fueron confrontados con una pregunta que la humanidad lleva siglos formulando sobre sus propias creaciones: ¿puede aquello que construimos destruirnos? ChatGPT, Gemini, Copilot y Grok respondieron sin poder ofrecer garantías absolutas, mientras ingenieros disidentes y medios de comunicación documentaban comportamientos imprevistos que sugerían que el ritmo del desarrollo había superado al del control. Lo que esta conversación reveló no fue tanto el peligro inminente de las máquinas, sino la fragili