Los ceutíes han superado la negación inicial y ahora viven en alerta permanente con altos niveles de estrés, dirigiendo su ira hacia el Gobierno central por abandono y hacia los inmigrantes. La crisis migratoria ha generado tensiones extremas: boicots a la distribución de comida, incendios de chabolas, y rechazo masivo a enviar niños a clase cuando comience el curso escolar.
Ceuta atraviesa las fases del duelo tras la llegada masiva de inmigrantes: de la negación a la ira
87 inmigrantes fallecieron en la avalancha inicial; miles permanecen en condiciones precarias en chabolas y campamentos militares; la población local experimenta ansiedad severa y estrés crónico.