Ceuta, ciudad autónoma en el umbral entre Europa y África, atraviesa una crisis que ya no puede atribuirse a un solo origen: lo político ha contaminado lo económico, y lo económico ha paralizado lo cotidiano. El puerto, que debería ser puente y sustento, se ha convertido en campo de batalla simbólico entre poderes locales y decisiones que llegan desde Madrid. Esta semana, el Gobierno central apuesta por la transparencia retroactiva —desclasificando documentos que, según su lectura, demuestran que nadie anticipó la magnitud del deterioro— como si nombrar la ceguera colectiva pudiera, por sí sol