Un tercio del petróleo mundial pasa por el estrecho de Ormuz
La Comisión Económica para América Latina y el Caribe ha presentado en Santiago un análisis que sitúa el conflicto entre Irán e Israel en el corazón de la vulnerabilidad económica regional. Desde que las hostilidades se reanudaron en febrero, el precio del petróleo trazó una curva que va del alivio al sobresalto, recordando a los latinoamericanos que su bienestar cotidiano está atado a geografías lejanas y a decisiones que no controlan. El estrecho de Ormuz, ese angosto pasaje por donde fluye un tercio del petróleo mundial, se ha convertido en el termómetro más sensible de una estabilidad que la región no puede dar por garantizada.
- Los ataques cruzados entre EE.UU., Israel e Irán en febrero dispararon el barril de petróleo de 70 a 120 dólares en pocas semanas, sacudiendo los mercados globales con una velocidad que tomó por sorpresa a los gobiernos de la región.
- Chile fue el caso más visible: el gobierno tuvo que aplicar alzas sin precedentes en gasolinas y diésel, encareciendo el transporte, los alimentos y los servicios para millones de personas.
- Un alto el fuego temporal entre Washington y Teherán trajo un respiro fugaz y una leve baja en los combustibles, pero la reanudación de las hostilidades ha borrado ese alivio y vuelto a encender las alarmas.
- El estrecho de Ormuz, por donde transita un tercio del petróleo comerciado mundialmente, está nuevamente bajo amenaza, y cualquier interrupción en esa ruta podría desatar una nueva crisis de suministro con efectos en cadena para toda América Latina.
- La Cepal advierte que la región enfrenta una vulnerabilidad estructural: dependiente de importaciones energéticas, un nuevo pico de precios aceleraría la inflación, comprimiría márgenes empresariales y presionaría a los gobiernos a elegir entre subsidios costosos o un mayor deterioro del poder adquisitivo ciudadano.
La Comisión Económica para América Latina y el Caribe presentó hoy en Santiago un informe que examina cómo el conflicto en Medio Oriente está reordenando la economía de la región. El documento llega en un momento de creciente incertidumbre, luego de que las hostilidades iniciadas el 28 de febrero entre Estados Unidos, Israel e Irán dejaran cicatrices visibles en los mercados globales y en los bolsillos de los latinoamericanos.
Lo más inmediato fue el salto en los precios del petróleo: en pocas semanas, el barril pasó de 70 a casi 120 dólares. En Chile, ese movimiento se tradujo en aumentos sin precedentes en gasolinas y diésel, con efectos directos sobre el costo de transporte, alimentos y servicios. Otros países de la región enfrentaron presiones similares, con matices según sus propias estructuras energéticas. Tras la firma de un alto el fuego entre Washington y Teherán, los precios cedieron algo de terreno, pero ese respiro fue breve: la reanudación de las hostilidades ha vuelto a encender las alarmas.
El foco de mayor preocupación es el estrecho de Ormuz, por donde pasa aproximadamente un tercio del petróleo que se comercia globalmente. Cualquier interrupción en esa ruta —por conflicto directo, ataques a buques o cierre de puertos— puede desencadenar una crisis de suministro que dispare nuevamente los precios.
Para América Latina, la Cepal subraya una vulnerabilidad estructural: la mayoría de sus economías depende de importaciones energéticas y está expuesta a las fluctuaciones del mercado global. Un nuevo pico de precios no solo encarecería la gasolina; elevaría los costos de producción y transporte en toda la cadena económica, aceleraría la inflación y presionaría a los gobiernos a tomar decisiones difíciles. Mientras el conflicto no muestre signos de resolución definitiva y el estrecho de Ormuz permanezca bajo amenaza, la región seguirá viviendo bajo la sombra de una volatilidad que escapa a su control pero que determina, en buena medida, su estabilidad.
La Comisión Económica para América Latina y el Caribe presentó hoy en su sede de Santiago de Chile un informe dedicado a examinar cómo el conflicto en Medio Oriente está reordenando la economía de la región. El documento llega en un momento de creciente incertidumbre: las hostilidades que comenzaron el 28 de febrero, cuando Estados Unidos e Israel atacaron a Irán y este respondió con un lanzamiento de misiles hacia territorio israelí, han dejado cicatrices visibles en los mercados globales y, por extensión, en los bolsillos de los latinoamericanos.
Lo más inmediato fue el salto de los precios del petróleo. En cuestión de semanas, el barril pasó de cotizarse alrededor de 70 dólares a rozar los 120. Ese movimiento no es un número abstracto en una pantalla de Bloomberg. En Chile, por ejemplo, el gobierno se vio obligado a aplicar aumentos sin precedentes en las gasolinas y el diésel, decisiones que afectaron directamente el costo de transporte, alimentos y servicios. Otros países de la región enfrentaron presiones similares, aunque con matices distintos según sus propias estructuras económicas y dependencias energéticas.
Lo que sucedió después fue típico de los ciclos de volatilidad: tras la firma de un acuerdo de alto el fuego entre Washington y Teherán, los precios comenzaron a ceder terreno. Las tarifas de combustibles bajaron un poco. Hubo un respiro. Pero ese respiro fue breve. La reanudación de las hostilidades ha vuelto a encender las alarmas, y ahora los analistas advierten sobre nuevos riesgos para la navegación en el estrecho de Ormuz, uno de los puntos más críticos del comercio mundial de petróleo.
El estrecho de Ormuz es el cuello de botella por el cual pasa aproximadamente un tercio del petróleo que se comercia globalmente. Cualquier interrupción en esa ruta, ya sea por conflicto directo, ataques a buques o simplemente por el cierre de puertos, puede desencadenar una crisis de suministro. Y una crisis de suministro significa precios que vuelven a dispararse, lo que a su vez golpea a economías que ya están navegando aguas turbulentas.
Para América Latina, el informe de la Cepal subraya una vulnerabilidad estructural: la región depende de importaciones de petróleo y sus derivados, y aunque algunos países son productores, la mayoría está expuesta a las fluctuaciones del mercado global. Un nuevo pico de precios no solo encarecería la gasolina en las bombas; también elevaría los costos de producción, transportación y energía en toda la cadena económica. Los gobiernos enfrentarían presiones para subsidiar combustibles o permitir aumentos que erosionan el poder adquisitivo de los ciudadanos. Las empresas verían comprometidos sus márgenes. La inflación podría acelerarse.
Lo que hace urgente este análisis de la Cepal es que el conflicto no muestra signos de resolución definitiva. Los temores sobre interrupciones del suministro no son especulativos; son basados en patrones históricos y en la realidad geopolítica actual. Mientras el estrecho de Ormuz permanezca bajo amenaza, mientras las hostilidades continúen, la región latinoamericana seguirá viviendo bajo la sombra de una volatilidad que escapa a su control directo pero que determina, en buena medida, su estabilidad económica.
Notable Quotes
La reanudación de las hostilidades y los indicios de nuevos problemas para la navegación en el estrecho de Ormuz reavivan los temores sobre interrupciones del suministro— Análisis de la Cepal
The Hearth Conversation Another angle on the story
¿Por qué un conflicto en Medio Oriente importa tanto para países que están a miles de kilómetros de distancia?
Porque el petróleo es el nervio de la economía global. Cuando hay tensión en Medio Oriente, los mercados se asustan. No es que el petróleo desaparezca de inmediato, pero el miedo a que desaparezca hace que los precios suban. Y esos precios altos llegan a todos lados.
Pero América Latina tiene sus propios productores de petróleo. ¿No debería estar protegida?
Parcialmente. Venezuela, México, Brasil producen petróleo, pero la mayoría de los países latinoamericanos son importadores netos. Incluso los productores están conectados al precio global. Si el barril sube a 120 dólares, todos pagan ese precio, aunque lo extraigan localmente.
El acuerdo de alto el fuego bajó los precios. ¿Eso no resuelve el problema?
Temporalmente. Pero como vimos, los acuerdos en esa región son frágiles. La reanudación de hostilidades mostró que la paz no es estable. Mientras el conflicto siga abierto, los mercados seguirán nerviosos. Es como vivir con una grieta en la casa: nunca sabes cuándo se va a agrandar.
¿Qué es lo más peligroso ahora mismo?
El estrecho de Ormuz. Un tercio del petróleo mundial pasa por ahí. Si se cierra, aunque sea parcialmente, los precios se disparan. No es una amenaza teórica; es una ruta que ya ha sido atacada antes.
¿Qué debería hacer un gobierno latinoamericano ante esto?
Eso es lo difícil. No pueden controlar Medio Oriente. Pueden diversificar sus fuentes de energía, invertir en renovables, pero eso toma años. A corto plazo, están atrapados en una volatilidad que no generaron.