En el cruce entre la historia y la política contemporánea, el presidente estadounidense Donald Trump firmó una orden ejecutiva para renombrar el lago Ontario como 'Lake America', un gesto que el primer ministro canadiense Mark Carney rechazó invocando más de cuatro siglos de historia y el origen indígena wendat del topónimo. La medida, sin fuerza legal fuera de los registros federales estadounidenses, revela algo más profundo que una disputa nominal: es el reflejo de una relación bilateral en tensión, donde los nombres de los lugares se convierten en campos de batalla de identidad y poder. Lo