En la larga historia de las mujeres que han sostenido revoluciones desde la sombra, Caridad Pérez Pérez representa a quienes llegaron tarde a la lucha armada pero no a la convicción. Nacida en Guantánamo en 1905, enfermera de vocación y madre de seis hijos, se incorporó a la insurrección cubana contra Batista en 1956, convirtiendo su hogar en nodo clandestino de resistencia. Murió el 19 de abril de 1958, a los 52 años, cuando la aviación del régimen bombardeó el jeep en que viajaba por las lomas de La Juba, apenas tres semanas después de haber abandonado la ciudad para unirse a los combatiente
Caridad Pérez Pérez: la enfermera revolucionaria que sacrificó su vida por Cuba
Su casa se convirtió en centro de movimiento constante
¿Quién era realmente Caridad Pérez Pérez más allá de lo que dice su biografía?
Una mujer que pasó de la pobreza extrema a convertirse en pieza clave de la insurrección. No era una combatiente armada, pero su casa fue un centro de operaciones, su trabajo médico salvó vidas de revolucionarios, y su decisión de incorporarse a los 52 años muestra una convicción que iba más allá de la política.
Pero el relato que tenemos es bastante esquemático. Sabemos qué hizo, pero no sabemos mucho sobre por qué lo hizo. ¿Era ideología, era lealtad al Dr. Creach, era que sus hijos estaban en la lucha?
Probablemente todo eso junto. El incendio que perdió su casa, la separación de su marido, los años trabajando en hornos de carbón con sus hijos. Eso forma a una persona de cierta manera.
¿Y cómo pasó de ser una enfermera en un hospital a ser parte de una red de sabotajes y operaciones clandestinas?
El Dr. Creach fue el puente. Lo conoció en el hospital, y cuando él se incorporó a la insurrección, ella lo siguió. Su experiencia médica la hacía valiosa, pero su lealtad personal parece haber sido lo que la mantuvo comprometida.
Lo que no sabemos es si fue arrestada, interrogada, torturada antes de que la delataran. El texto dice que fue registrada su casa, pero no dice qué pasó en ese registro. ¿Fue golpeada? ¿Amenazada? Eso importa para entender su decisión de huir a las montañas.
Es verdad. Lo que sí sabemos es que cuando fue delatada, no dudó. Se fue inmediatamente a las montañas, a un lugar donde sabía que podría seguir siendo útil.
Y luego muere tres semanas después, en un accidente que no fue realmente un accidente sino una operación militar.
Exacto. Fue bombardeada por la aviación de Batista. No fue un combate, fue un ataque aéreo a un jeep en una carretera. Eso es importante: no murió en combate, murió en un acto de represión militar.
Pero estaba allí porque había elegido estar allí. Eso es lo que la hace revolucionaria, no el cómo murió sino el dónde estaba cuando murió.
The Pulse
- Una mujer que había sobrevivido la pobreza, el abandono y un incendio encontró en la enfermería y en la política los únicos caminos hacia una vida con sentido.
- Su casa en la calle Martí se volvió un centro neurálgico de sabotajes, curaciones clandestinas y circulación de recursos revolucionarios, hasta que el régimen la registró y la delató.
- Cuando estalló la Huelga de Abril de 1958, fue traicionada por un informante y tuvo que huir de Guantánamo, llegando a la guerrilla del Segundo Frente Oriental donde se reencontró con dos de sus hijos combatientes.
- Tres días después de su llegada a las montañas, mientras regresaba de atender un parto en La Juba, el jeep del Dr. Creach fue bombardeado por la aviación de Batista y los traumatismos del impacto le costaron la vida.
En la larga historia de las mujeres que han sostenido revoluciones desde la sombra, Caridad Pérez Pérez representa a quienes llegaron tarde a la lucha armada pero no a la convicción. Nacida en Guantánamo en 1905, enfermera de vocación y madre de seis hijos, se incorporó a la insurrección cubana contra Batista en 1956, convirtiendo su hogar en nodo clandestino de resistencia. Murió el 19 de abril de 1958, a los 52 años, cuando la aviación del régimen bombardeó el jeep en que viajaba por las lomas de La Juba, apenas tres semanas después de haber abandonado la ciudad para unirse a los combatientes en las montañas.
Caridad Pérez Pérez nació el 8 de septiembre de 1905 en Guantánamo, hija de padre mexicano y madre española. Su vida temprana estuvo marcada por la precariedad: trabajó en hornos de carbón, recogió café y crió sola a seis hijos tras la separación de su marido y un incendio que destruyó su hogar. Fue en la Casa de Socorro local donde comenzó a involucrarse en política, y más tarde, en el Hospital Pedro Agustín Pérez, donde completó un curso de enfermería y conoció al Dr. Enrique Creach, figura que marcaría el resto de su vida.
Tras el golpe de 1952, sus actividades políticas se intensificaron. Desencantada de la Triple A por lo que consideró un engaño en su liderazgo, tomó en 1956 la decisión definitiva de incorporarse a la insurrección junto a su hijo Francisco. Su casa en la calle Martí y 7 sur se convirtió en centro logístico clandestino: allí se coordinaban sabotajes a líneas eléctricas y telefónicas, quemas de caña, curaciones de combatientes heridos y recolección de fondos revolucionarios. La represión llegó pronto: el régimen registró la vivienda.
En 1958 gestionó la compra de una finca en Boquerón que sirvió de cuartel para la dirección de la insurrección. Cuando estalló la Huelga de Abril y fue delatada, abandonó Guantánamo el 16 de abril y se incorporó a la Comandancia de El Aguacate, bajo las órdenes del Dr. José Ramón Machado Ventura. Allí tuvo un reencuentro que describió como inolvidable con sus hijos Francisco y José, ambos guerrilleros.
Tres días después, el 19 de abril, cabalgó hasta La Juba para atender a una campesina en parto. Al regresar al hospital de campaña en busca de medicinas, el jeep del Dr. Creach fue bombardeado por la aviación de Batista en la loma de La Juba. El vehículo volcó. Caridad sufrió traumatismos severos que le causaron la muerte. Tenía 52 años y llevaba apenas tres semanas en las montañas cuando la guerra la alcanzó.
Caridad Pérez Pérez nació el 8 de septiembre de 1905 en Guantánamo, hija de un padre mexicano y una madre española. Su vida temprana transcurrió entre trabajos modestos: después de completar la primaria en Guantánamo y aprender corte y costura, regresó a El Vínculo, donde se casó con Primitivo Fernández, un trabajador de la hacienda ganadera estadounidense de San Andrés. Tuvieron seis hijos juntos, pero la vida en San Andrés no fue estable. La separación de su marido y un incendio que destruyó su casa, dejándola herida, la obligaron a regresar con su madre. Durante años trabajó en hornos de carbón vegetal, recogió café y cuidó animales mientras criaba a sus hijos sin amparo.
En algún momento de esta lucha cotidiana, consiguió empleo en la Casa de Socorro local y comenzó a involucrarse en política, apoyando la candidatura de Gualberto Olivares. Poco después fue promovida al Hospital Pedro Agustín Pérez, donde completó un curso de enfermería y trabajó en el salón de operaciones. Fue allí donde conoció al Dr. Enrique Creach, encuentro que cambiaría el curso de su vida. Cuando el golpe de estado del 10 de marzo de 1952 sacudió a Cuba, sus actividades políticas se intensificaron. Se vinculó brevemente a la Triple A, pero al descubrir lo que consideró un engaño en el liderazgo político de ese grupo, tomó una decisión definitiva: en 1956 se incorporó a la insurrección revolucionaria junto a su hijo Francisco Fernández.
Desde entonces, subordinó sus actividades revolucionarias al Dr. Creach. Su contribución fue múltiple: participaba en operaciones médicas y curaciones de combatientes heridos en acciones contra el régimen, ayudaba a crear botiquines, vendía bonos revolucionarios y recolectaba dinero. Su casa en la calle Martí y 7 sur se convirtió en un centro de movimiento constante, un lugar donde circulaban recursos logísticos y combatientes comprometidos. El General Samuel González Rodiles recordaría después que en esa vivienda coordinaban con otros líderes revolucionarios los sabotajes a las líneas eléctricas y telefónicas, las quemas de caña de azúcar, y los ajusticiamientos de informantes que habían causado muertes entre los revolucionarios. La represión no tardó en llegar: la casa fue registrada por Agüero y sus matones del régimen.
En 1958, siguiendo instrucciones del Dr. Creach, Caridad gestionó la compra de una pequeña finca en Boquerón, Ocujal, en los límites de la Base Naval estadounidense. La propiedad, que pertenecía a Juan Bautista Pérez, se convirtió en cuartel y escondite para la dirección de la insurrección. Cuando estalló la Huelga de Abril, fue delatada a los cuerpos represivos. Abandonó Guantánamo el 16 de abril y llegó a la Comandancia de El Aguacate, en Monte Rus, donde trabajaría bajo las órdenes del Dr. José Ramón Machado Ventura, jefe del Departamento de Sanidad del Segundo Frente Oriental Frank País. Allí tuvo un reencuentro que describió como inolvidable con sus hijos Francisco y José, ambos combatientes en la guerrilla.
Tres días después de su llegada, el 19 de abril, se trasladó a caballo a La Juba para atender a una joven campesina en parto. Después de completar el trabajo de parto, regresaba al hospital de campaña en busca de medicinas para la madre cuando el jeep del Dr. Creach, su antiguo jefe, fue bombardeado por un avión militar de la aviación de Batista en la loma de La Juba. El impacto volcó el vehículo. Caridad sufrió traumatismos severos en el accidente que le causaron la muerte. Tenía 52 años. Su muerte ocurrió apenas tres semanas después de abandonar la ciudad para unirse a la lucha en las montañas, en el mismo mes en que la insurrección se acercaba a su punto de quiebre final.
Notable Quotes
En la casa de Cachita Pérez, en la calle Martí y 7 sur, coordinábamos con Wicho Herrera y José Durand los sabotajes a los tendidos eléctricos y telefónicos, quemas de cañas, ajusticiamientos a chivatos que causaron la muerte a revolucionarios— General Samuel González Rodiles