En el umbral del otoño austral, el equipo económico argentino de Luis Caputo eligió soltar, con cautela, el nudo que él mismo había apretado: dejó fluir más de 500.000 millones de pesos en el mercado financiero, señalando que la escasez extrema de liquidez —útil para contener el dólar, pero letal para el crédito y la actividad— había llegado a su límite tolerable. Es el dilema eterno de las economías en estabilización: el mismo instrumento que protege una variable destruye otra, y llega el momento en que el costo de no actuar supera al costo de arriesgarse. Argentina vuelve a transitar ese fil