En el escenario de Yo Me Llamo, la imitación se reveló como algo más que copia: es un oficio que exige técnica, entrega y la rara capacidad de disolver el yo propio en el de otro. Los jurados Amparo Grisales, César Escola y Elder Dayán evaluaron, con mirada clínica y corazón artístico, a quienes aspiran a ingresar a la Escuela, ese umbral donde la pasión se convierte en maestría. Cada presentación fue, en esencia, una pregunta sobre identidad: ¿hasta dónde puede llegar un ser humano en el arte de convertirse en otro?
Capítulo 18 de 'Yo Me Llamo': imitadores buscan perfeccionar sus dotes artísticos
La Escuela no es un premio, es una herramienta de transformación
¿Qué diferencia hay entre un imitador que simplemente canta bien y uno que realmente merece entrar a la Escuela?
La diferencia está en los detalles que los jurados ven. No es solo tener una buena voz. Es cómo manejas el escenario, cómo controlas la energía, cómo captas el color vocal exacto del artista. Algunos participantes tienen la voz pero les falta la caracterización. Otros tienen el parecido físico pero la afinación los traiciona.
Entonces la Escuela no es para quienes ya lo dominan todo, sino para quienes tienen potencial pero necesitan pulir.
Exactamente. Los jurados ven a alguien cantando "Livin' on a Prayer" con una voz potente pero descontrolada, y saben que eso se puede entrenar. Ven a alguien con el acento paisa exagerado y saben que la autenticidad se puede recuperar. La Escuela es donde eso sucede.
¿Cuál es el error más común que cometen los imitadores?
Las notas agudas. Aparece una y otra vez en las críticas. Algunos no las alcanzan, otros las fuerzan. Y luego está el manejo del aire, la respiración. Muchos gastan toda su energía en los primeros segundos y después no tienen nada para sostener la canción.
¿Y qué pasa con los que tienen el parecido físico pero la voz no acompaña?
Eso es más difícil de resolver. Puedes mejorar la técnica vocal, puedes aprender a manejar el escenario, pero si tu voz no tiene el color que necesita, tienes que trabajar mucho más. Por eso algunos participantes salen de ahí sabiendo exactamente qué necesitan hacer.
¿Amparo Grisales destacó algo en particular en este capítulo?
Sí, la energía. Cuando los imitadores de "Licor" cantaron juntos, ella notó que contagiaban esa energía al público. Eso es algo que no se enseña completamente en una Escuela. O lo tienes o no lo tienes. Pero se puede potenciar.
¿Crees que todos los que se presentaron ese día tienen oportunidad de entrar?
No todos. Algunos tienen las herramientas básicas pero les falta demasiado. Otros están muy cerca. Una participante que hizo "Fulanito" dijo que podría lograrlo si entraba a la Escuela. Eso es esperanza informada. Sabe dónde está parada y qué necesita.
Le Pouls
- Decenas de imitadores llegaron al estudio cargando una ambición concreta: cruzar la puerta de la Escuela y transformar su talento en precisión artística.
- Las críticas del jurado fueron quirúrgicas — afinación, manejo del aire, color de voz, autenticidad del personaje — dejando claro que la distancia entre lo bueno y lo excepcional es técnica, no solo pasión.
- Canciones como 'Livin' on a Prayer', 'Someone Like You' y 'The Best' se convirtieron en campos de prueba donde cada nota revelaba fortalezas y fragilidades que los participantes aún deben resolver.
- Algunas presentaciones brillaron por su energía y soltura escénica, pero casi ninguna escapó a la observación de que la imitación perfecta exige un refinamiento que solo el trabajo sostenido puede dar.
- El veredicto implícito de la jornada fue claro: la Escuela no premia la perfección, sino el potencial y la disposición genuina de seguir aprendiendo.
En el escenario de Yo Me Llamo, la imitación se reveló como algo más que copia: es un oficio que exige técnica, entrega y la rara capacidad de disolver el yo propio en el de otro. Los jurados Amparo Grisales, César Escola y Elder Dayán evaluaron, con mirada clínica y corazón artístico, a quienes aspiran a ingresar a la Escuela, ese umbral donde la pasión se convierte en maestría. Cada presentación fue, en esencia, una pregunta sobre identidad: ¿hasta dónde puede llegar un ser humano en el arte de convertirse en otro?
En el estudio de Yo Me Llamo, los jurados Amparo Grisales, César Escola y Elder Dayán condujeron una tarde de evaluaciones donde cada presentación era, en el fondo, una apuesta por el futuro. Los imitadores que desfilaron por el escenario no buscaban solo una calificación: querían acceder a la Escuela, el espacio donde la técnica se afina hasta rozar la perfección.
Las devoluciones llegaron con precisión. Quien interpretó 'Livin' on a Prayer' recibió elogios por su potencia vocal, pero le pidieron moderar la energía. El imitador de 'Vida de rico' navegó bien el acento paisa, aunque le recordaron que la autenticidad del personaje es el norte. Otro participante enfrentó observaciones sobre afinación, notas agudas y actitud escénica en 'Tu amor me hace bien'. Entre las mujeres, una versión rockera de 'Baracunatana' dividió al jurado, mientras que la intérprete de 'The Best' mostró soltura en el baile pero aún necesitaba pulir detalles.
Los desafíos técnicos se repitieron a lo largo de la jornada: cambios en el color de voz, dificultades con las notas agudas, omisión de elementos característicos del artista original. Las imitaciones de Adele con 'Someone Like You' merecieron análisis minucioso, y una participante que interpretó 'Fulanito' expresó confianza en que la Escuela le permitiría alcanzar una imitación más precisa.
Lo que quedó claro al final fue que los jurados no buscaban perfección instantánea, sino potencial y disposición al aprendizaje: esa chispa que distingue al imitador competente del artista capaz de hacer olvidar, por unos minutos, que el público está viendo a alguien más.
En el estudio de Yo Me Llamo, tres jurados experimentados —Amparo Grisales, César Escola y Elder Dayán— se enfrentaban a una tarde de evaluaciones minuciosas. Los imitadores que desfilaban por el escenario traían consigo el peso de una ambición clara: acceder a la Escuela, ese espacio donde pulirían sus técnicas hasta convertirse en réplicas casi perfectas de sus artistas favoritos. Lo que se jugaba en cada presentación no era solo una calificación, sino la posibilidad de transformar una pasión en maestría.
Las críticas llegaron con precisión quirúrgica. Uno de los participantes interpretó "Livin' on a Prayer" y cosechó elogios por la potencia de su voz y su dominio del escenario, aunque los jurados le pidieron que moderara la energía desenfrenada. Otro imitador optó por "Vida de rico" y logró navegar el acento paisa sin caer en la exageración, aunque le recordaron que la autenticidad del personaje seguía siendo el norte. Un tercero cantó "Tu amor me hace bien" y enfrentó observaciones sobre la afinación, las notas agudas problemáticas y la actitud que proyectaba durante su actuación. Cada devolución era específica, cada recomendación apuntaba a un aspecto técnico concreto que separaba al imitador competente del excepcional.
Las mujeres también dejaron su marca. Una imitadora presentó una versión rockera de "Baracunatana" que dividió opiniones entre los jurados respecto al personaje y el manejo del aire. Otra cantó "Así fue" y recibió halagos por su voz, aunque le pidieron trabajar en el porte y pulir detalles que aún faltaban. Una tercera interpretó "The Best" y mostró soltura en el escenario con su baile, pero los jurados identificaron aspectos que todavía necesitaban refinamiento para alcanzar la excelencia.
Los desafíos técnicos aparecían una y otra vez. Un imitador que cantó "Eres mi sueño" mostró potencial pero reveló cambios en el color de voz y dificultades con las notas agudas. Otro que interpretó "Mi forma de sentir" recibió comentarios sobre su parecido físico y necesitaba trabajar en la afinación y los matices. Quien cantó "Asesina" fue criticado por omitir elementos característicos del artista original, como la voz profunda y el sonido del inicio. El manejo del aire, la afinación y la pañoleta aparecieron como preocupaciones en "La Plena". Las notas agudas volvieron a ser un punto débil en "Quiero aprender de memoria".
Algunas presentaciones brillaron más que otras. Los imitadores que cantaron "Licor" juntos recibieron observaciones sobre afinación y armonías, pero Amparo Grisales destacó la energía contagiosa que transmitieron al público. El participante que interpretó "Corazonada" se distinguió por su afinación y el manejo de los movimientos en el escenario, aunque le pidieron que se relajara durante la actuación. Quien cantó "Lo tienes todo" recibió comentarios positivos sobre momentos específicos, aunque también le señalaron aspectos del color de voz que requerían atención.
Las imitaciones de Adele merecieron análisis detallado. Múltiples participantes interpretaron "Someone Like You" y los jurados examinaron con cuidado la voz, la afinación y la caracterización, prestando especial atención al color vocal que cada una conseguía durante su presentación. Una participante que hizo su propia versión de "Fulanito" recibió observaciones sobre su caracterización, pero expresó confianza en que podría lograr una imitación más precisa si accedía a la Escuela.
Lo que quedaba claro después de cada presentación era que la Escuela no era un premio de consolación, sino una herramienta de transformación. Los jurados no buscaban perfección instantánea; buscaban potencial, disposición al aprendizaje y la chispa que distingue al imitador competente del artista que puede hipnotizar a una audiencia haciéndola olvidar, aunque sea por unos minutos, que está viendo a alguien más.
Citations marquantes
Amparo Grisales destacó la energía contagiosa con la que los imitadores de 'Licor' transmitieron al público— Amparo Grisales, jurado
Una participante expresó confianza en que podría lograr la imitación si accedía a la Escuela— Participante de 'Fulanito'