En Lima, dos naciones sudamericanas con lazos históricos profundos han decidido sacudir el polvo de una alianza formal que llevaba tiempo dormida. El canciller peruano Carlos Espá y el embajador argentino Samuel Ortiz se reunieron para insuflar nueva energía a la Asociación Estratégica de 2010, reconociendo que la amistad entre pueblos, para ser real, debe traducirse en acuerdos concretos sobre comercio, inversión y seguridad compartida. En un continente presionado por el crimen organizado transnacional, la voluntad de cooperar no es solo diplomacia cortés, sino una respuesta a urgencias que n