En el complejo tejido de las relaciones entre naciones vecinas, Canadá y Estados Unidos atraviesan una nueva fase de tensión comercial: la administración Trump ha impuesto aranceles y restricciones sobre productos canadienses, incluyendo presión directa contra el fabricante aeronáutico Bombardier, y Ottawa ha respondido con represalias sobre cientos de bienes estadounidenses. Sin embargo, lo que distingue este momento no es solo el intercambio de medidas proteccionistas, sino la apuesta canadiense por mantener abiertos los canales del diálogo mientras defiende sus intereses con firmeza. Detrás